Ultimo Momento

A 73 años del atentado terrorista en Plaza de Mayo ejecutado por militantes de la UCR encabezados por quien fue un Ministro de Alfonsín cuyo nombre lleva una estación de Subte

Por Maximiliano Borches. Uno de los pasajes más oscuros -y «debidamente tapado” por la historiografía liberal- de nuestra historia nacional contemporánea ocurrió el 15 de abril de 1953, durante un masivo acto de trabajadores en Plaza de Mayo convocado por la CGT en apoyo al gobierno de Juan Domingo Perón. Ese día, un comando terrorista de militantes de la Unión Cívica Radical (UCR), encabezados por Roque Carranza, quien más tarde fue secretario del Consejo Nacional de Desarrollo -CoNaDe- (1963-1966) durante el gobierno de Arturo Illia, que llegó a la presidencia gracias a la proscripción del peronismo, y luego asume como Ministro de Obras y Servicios Públicos (1983-1985) y finalmente Ministro de Defensa (1985-1986) durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y cuyo nombre encabeza una estación de sube la Línea D (“Estación Carranza”, una aberración inexplicable que alguna vez deberá ser corregida), colocaron dos bombas en la estación Plaza de Mayo de la Línea A de subte y en la vidriera del bar del Hotel de Mayo, que causaron la muerte de seis trabajadores (Santa Festigiata D’Amico, Mario Pérez, León David Roumeaux, Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Couta) y más de 90 quedaron heridos, entre ellos 19 mutilados. Mirá el video al final de la nota. 

A las cinco de la tarde de aquel 15 de abril de 1953, el presidente Perón salió al balcón de la Casa Rosada. Se cantó el Himno Nacional y la marcha peronista. Luego del discurso del secretario General de la CGT, Eduardo Vuletich, fue el turno del primer mandatario, quien apuntó a los comerciantes. “Hace pocos días dije al pueblo, desde esta misma casa, que era menester que nos pusiéramos a trabajar conscientemente para derribar las causas de la inquietud creada a raíz de la especulación, de la explotación del agio por los malos comerciantes. En esto, compañeros, ha habido siempre bajos mirajes producidos por los intereses”.

Llevaba un cuarto de hora hablando, cuando todos se sorprendieron con el ruido de una explosión y una humareda: había estallado una bomba en el bar del hotel Mayo de Hipólito Yrigoyen 420, que estaba en reparaciones.

En ese momento Perón dijo: “Compañeros, estos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba”.

De pronto, una segunda explosión, esta vez en la boca del subterráneo A. El artefacto había sido escondido debajo de un tablero eléctrico en el andén de la estación, que estaba cerrada por el acto. El Presidente dijo que no dejaría que se salieran con la suya por más bombas que arrojasen y prometió individualizar y castigar a los responsables. Y remató: “Creo que, según se puede ir observando, vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo”.

La gente, envalentonada, bramó: “¡Leña! ¡Leña!”. El presidente redobló la apuesta: “Esto de dar la leña que ustedes me aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?”

“Señores, aunque parezca ingenuo que yo haga el último llamado a los opositores, para que en vez de poner bombas se pongan a trabajar en favor de la República, a pesar de las bombas, a pesar de los rumores, si algún día demuestran que sirven para algo, si algún día demuestran que pueden trabajar en algo útil para la República, les vamos a perdonar todas las hechas”, cerró el Presidente Perón.

Un tercer explosivo, colocado en las alturas del Banco Nación, no llegó a detonar.

La acción asesina generó una serie de repuestas por parte de militantes peronistas, enfurecidos por los bestiales crímenes de seis trabajadores y las decenas de heridos tendidos en Plaza de Mayo, que resultaron en ataques en represalia a las sedes social del Jockey Club, la “Casa Radical” y el comité central del Partido Demócrata, entre espacios de sectores que participaron de alguna manera del atentado terrorista en Plaza de Mayo contra los trabajadores argentino fue llevado a cabo por el grupo terrorista estuvo conformado por Roque Carranza, Carlos Alberto González Dogliotti, y los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, apoyados por el capitán Eduardo Thölke, quien proveyó los explosivos.

A los pocos días del atentado, el 12 de mayo, fueron detenidos Roque Carranza y Carlos González Dogliotti, sindicados como los autores materiales del hecho, acusados de estar en combinación con Jorge Firmat y Federico Gottling. Carranza, un ingeniero industrial recibido en la UBA, dijo que siempre buscaban a los ingenieros, a los que consideraban más idóneos en la fabricación casera de explosivos. Pero se defendió explicando que se trataban de bombas de humo o de estruendo. Esa explicación no lo salvó de terminar en una celda en la Penitenciaría de Las Heras hasta junio de 1955 cuando fue sobreseído provisionalmente y luego amnistiado por el gobierno de “La Fusiladora”, tras el bombardeo sobre Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 y el golpe cívico-militar-eclesiástico del 16 de septiembre de ese mismo año, que impuso el exilio forzoso de Juan Perón 8que duró 18 años) y desató décadas de violencia política en la Argentina.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

x

Check Also

Familias de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini (UBA) convocan a la marcha de antorchas en defensa de la educación y en reclamo a la aplicación inmediata de la Ley de Financiamiento Universitario

La comunidad educativa denuncia el deterioro salarial de docentes y no docentes, y el éxodo ...