Por Maximiliano Borches. El último golpe cívico-militar que se inició el 24 de marzo de 1976 con el apoyo explícito del gobierno de los Estados Unidos, representado entonces por Gerald Ford, no solo fue el inicio de la decadencia cultural, económica, social, laboral, educativa y política de la Argentina; fue también el primer ataque certero contra un proyecto de desarrollo industrial en línea con un poderoso movimiento obrero organizado, que no solo garantizaba la evoluición armónica de la industria y el trabajo en el país, sino que ponía de manifiesto la vigencia de una idea de futuro en el pueblo argentino. Solo basta recordar que en 1975 había pleno empleo en la Argentina y fue el año de la entrada en vigencia de los convenios colectivos de trabajo y las paritarias.
Es por este motivo que una vez finalizados los siete años de espanto en nuestro país, distintas organizaciones de derechos humanos calculan que el 66 por ciento de los 30 mil detenidos-desaparecidos fueron trabajadores industriales y de servicios, activistas, comisiones internas de fábricas y delegados sindicales.
En momentos donde las organizaciones armadas -vinculadas a la izquierda-, se encontraban prácticamente desarticuladas -pretexto político del golpe de Estado-, los verdugos avanzaron en el principal objetivo de su programa criollo de Noche y Niebla: la destrucción del entramado productivo nacional y de la organización sindical consolidada desde la irrupción en nuestra historia del líder popular Juan Domingo Perón, y en la rápida imposición de la desocupación como política disciplinaria a los trabajadores argentinos, que resultaron clave en la planificación de la miseria llevada a cabo por los verdugos y sus cómplices civiles en aquellos años de muerte y espanto.
Durante el sanguinario período que duró la última dictadura cívico-militar se perdieron más de 700 mil empleos industriales, a la vez que más de 50 mil pymes cerraron.
Hoy, a dos años de la gestión “libertaria” de Javier Milei, -y según datos del propio INDEC y la UIA-, cada día cierran unas 30 empresas y pierden sus puestos de trabajo unos 400 argentinos, y ya son unos 300 mil trabajadores que quedaron en las calles y más de 23 mil pymes cerraron a lo largo y ancho de La Argentina a consecuencia del mismo plan económico impuesto por Martínez de Hoz y Videla, hoy resignificado a 50 años del último golpe de Estado: apertura indiscriminada de las importaciones principalmente de China, parálisis del consumo interno, destrucción del empleo registrado y dolarización de las tarifas de servicios y combustibles.
En este sentido, quizá, la irrupción de un engendro de las características de Javier Milei en la presidencia argentina se deba en parte a la crisis de la democracia en nuestro país, que a 43 años de su recuperación definitiva no supo desarticular ese cóctel de pobreza, marginación, neoliberalismo y crisis económicas que inauguraron los asesinos del ´76, y los gobiernos que se sucedieron desde entonces, en mayor y menor medida, se ocuparon sobre todo de atajar las urgencias estructurales transformando el presente en una constante marea de incertidumbre y desorientación.
Sin embargo, tomando en cuenta el daño ocasionado al pueblo argentino desde 2023 al presente, bien se podría afirmar que el resultado de aquel 24 de marzo, de aquellos siete años de crímenes y destrucción de la Argentina, sea el esperpento que hoy gobierna este país. Este pobre hombre que es reflejo de la pobre realidad del país que lo eligió: un síntoma patético del mismo, resultado de cincuenta años de marginación de millones de argentinos.
Urge pensar un futuro para la Argentina y ponerse a trabajar en serio.
Mariano Moreno Noticias toda la actualizad de la zona
