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El “cura rojo” que sentó las bases del concierto moderno

Por Maximiliano Borches. Antonio Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678 en la enigmática y bella Venecia. Apodado Il prete rosso («El cura rojo») por ser sacerdote católico y pelirrojo, compuso casi 800 obras, de las cuales poco más de la mitad fueron concierto para violín, además de 46 óperas. Exquisito exponente del barroco, a través de su música describió la profundidad mística de lo sacro, y un sinfín de imágenes, que hasta el día de hoy, a 343 años de su nacimiento, siguen conmoviendo a todo aquel que descubre la potencia oceánica de su creación artística. Falleció en Viena, en plena pobreza, durante la noche del 27 al 39 de julio de 1741, a la edad de 63 años.

Antonio Lucio Vivaldi nació en una familia de músicos. Su padre, Giovanni Battista Vivaldi, fue su primer maestro para luego quedar en manos del profesor Giovanni Legrenzi. Tardó en hacerse conocido, recién cuando trascendieron sus conciertos para violín «L’estro armonico» y «La Stravaganza», su nombre comenzó a sedr conocido en toda Europa. En 1703 se ordenó sacerdote católico, transformándose en protector del orfanato para niñas «Ospedale della Pietà» de Venecia. Para ellas compuso decenas de obras y donaba periódicamente instrumentos y horas de trabajo.

Mantua y las Cuatro Estaciones

Sin dudas, Antonio Vivaldi es popularmente conocido por componer esos cuatro extraordinarios conciertos para violín, conocidos como “Las Cuatro Estaciones”. Los mismos fueron escritos entre 1717 y 1718, durante su estadía en Mantua (en la actualidad, una provincia de la región de la Lombardía) Allí llegó con el ofrecimiento del cargo de Maestro de Capilla en la corte de Felipe de Hesse-Dasmstadt, gobernador de Mantua.

La obra fue una revolución musical en su concepción: en estos conciertos Vivaldi representó arroyos fluyendo, pájaros cantando (de diferentes especies, cada uno caracterizado específicamente), perros ladrando, mosquitos zumbando, pastores llorando, tormentas, bailarines borrachos, noches silenciosas, partidas de caza tanto desde el punto de vista de los cazadores como de las presas, paisajes helados, niños patinando sobre hielo y cálidos hogueras invernales.

Cuando por su arrebatada inspiración compuso gran cantidad de óperas en poco tiempo, se convirtió en empresario, gestionando y ejecutando sus propios conciertos. Con su prestigio en la cima se dedicó a obras por encargo de mecenas e instituciones religiosas, que pese a ser compuestas con un fin económico tenían la misma calidad y encanto que las hechas por sola inspiración. En 1723 inicia la composición de su obra más conocida, «Il Cimento dell’Armonia e dell’invenzione», una serie de 8 conciertos cuyos cuatro primeros son conocidos como «Las cuatro estaciones». Su brillante estadía en Italia con conciertos y composiciones magistrales fue rápidamente olvidada y durante décadas ningún libro de música tenía referencias suyas. Vivaldi fue quién modificó el estilo de conciertos, pasando del «Concierto Grosso», donde el rol principal va rotando por varios instrumentos, al «Concierto per Soli» donde un instrumento llamado solista tiene el rol principal y el resto de la orquesta lo apuntala y rodea de relieve musical.

Sus casi 800 composiciones permanecieron en las sombras hasta principios del siglo XX, cuando Alfred Einstein rescata su obra y gestiona la realización de magistrales grabaciones de «Las 4 estaciones».

Después de conocer al emperador Carlos VI, Vivaldi se trasladó a Viena a la esperaba sel apoyo real. Sin embargo, el emperador murió poco después de su llegada y Vivaldi murió en la pobreza menos de un año después.

Con información de “Antonio Vivaldi”, Biblioteca Coral de Dominio Público (CPDL)

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