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El Gaucho Rivero y la rebelión en Malvinas de criollos e indígenas del 26 de agosto de 1833

Por Maximiliano Borches. El gaucho Antonio Rivero es de los pocos argentinos, quizás el único, que le tocó combatir contra el imperialismo británico en dos oportunidades (según afirman algunas fuentes históricas) Nacido en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, en el año 1807; a la edad de 19 años fue llevado a trabajar como peón de estancia a las Islas Malvinas (más precisamente a la Isla Soledad), junto a un grupo de gauchos e indios, por el comerciante nacido en Hamburgo (Alemania) de ascendencia francesa, Luís Vernet. El 26 de agosto de 1833, tras la primera invasión británica a las Islas Malvinas, el Gaucho Rivero encabezó una rebelión, a punta de facón, al mando de un grupo de otros dos gauchos y cinco guaraníes. 

La presencia argentina en la Islas Malvinas (más precisamente en Isla Soledad) se remonta a 1826, cuando arribó la primera goleta que había zarpado desde Buenos Aires, con una treintena de gauchos, indígenas y unos pocos europeos que se habían sumado a la partida. Desde entonces, se creó la primera colonia nacional en aquel archipiélago austral argentino, que llegó a contar para 1833, con una población de más de mil argentinos.

Comienzo de la conspiración colonialista: intervención estadounidense en Malvinas

En agosto de 1831 Luis Vernet (por orden de Rosas) decidió apresar a tres goletas balleneras estadounidenses que pescaban ilegalmente en aguas jurisdiccionales de las Islas Malvinas. Luego de esta acción, Vernet insta a los tres capitanes para que en Buenos Aires se determine que sanción se les van a aplicar. Una vez tomada esta decisión, el ahora designado gobernador Vernet se embarcó en uno de los balleneros con destino a Buenos Aires. Un vez arribados, el embajador estadounidense negó la acción ilegal de pesca en aguas nacionales de las Islas Malvinas, respaldando a los tres capitanes de los balleneros, y ordenando que la corbeta de guerra de ese país, «Lexington», al mando del capitán Silas Duncan, anclada en el puerto de Montevideo, zarpe en dirección a las Malvinas.

En diciembre de 1831, aquella nave de guerra estadounidense cañoneó las defensas de la Isla y apresó a varios de sus habitantes. Tras apoderarse de aquel territorio argentino, el capitán de la “Lexington” declaró de manera unilateral que las Islas Malvinas, “pertenecen al mundo”. En tanto, Rivero y su grupo cercano, tuvieron que esconderse en el interior de la isla para no ser atrapados. Las tropas estadounidenses permanecieron en la Isla casi un mes, y luego volvieron a Montevideo con sus depósitos cargados de cueros de animales y otros objetos de valor, robados a los lugareños en Puerto Soledad.

La conspiración estadounidense-británica había comenzado. Aquella acción resultó decisiva para la primera invasión inglesa a Malvinas.

Cambio de mando argentino en Malvinas

Mientras ocurrieron estos hechos, Luis Vernet se encontraba en Buenos Aires y logra que designen al sargento mayor de Artillería, Mestivier, para que lo reemplace en su ausencia y recomponga los desastres provocados por la fragata estadounidense “Lexington”. Mestivier parti+o inmediatamente en la goleta de guerra “Sarandí” al mando del Teniente Coronel de Marina, Pinedo.

Una vez arribado a Malvinas, el sargento mayor Mestivier, recompuso las precarias defensas y las construcciones existentes en las Islas, y se reunió con el gaucho Antonio Rivero, quien era ya un reconocido líder de los paisanos argentinos en Puerto Soledad. Luego de su entrevista, Mestivier, le entregó una bandera argentina, perteneciente a la goleta “Sarandí”, que Rivero guardó.

La primera invasión inglesa a Malvinas

Durante el mes de enero de 1833, las corbetas inglesas “Clío” y “Tyne” recalaron en las Islas, y luego de cañonear a su población durante horas, la oficialidad británica ordenó el desembarco de sus tropas, dando inicio a la colonización británica de las Malvinas. El capitán inglés le ordenó al teniente coronel de marina Pinedo que arríe la bandera argentina, y que parta de inmediato para Buenos Aires. Tras la invasión, fueron designados como máximas autoridades de las islas, el capitán de origen escocés Matthew Brisbane, quien se desempeñaba como administrador de Puerto Louis, primera colonia existente en las islas que más tarde se llamará Puerto Soledad, y denominada luego «Puerto Stanley», tras la invasión y posterior colonización británica de las islas.

Por primera vez en aquel año de 1833, se enarboló la bandera británica en las islas australes argentinas.

Mientras tanto, el entonces gobernador de Malvinas, Luis Vernet, había renunciado a su cargo en marzo de 1833, a fin de evitarse problemas con Gran Bretaña. Instalado en Buenos Aires, continuó desarrollando normalmente, con la autorización inglesa y a través de sus capataces, la administración de sus negocios particulares en la colonia de Puerto Louis, demostrando cabalmente las excelentes relaciones que mantenía con los usurpadores británicos.

La rebelión de los gauchos e indígenas en Malvinas del 26 de agosto

El 26 de agosto de 1833, seis meses después de que los ingleses ocuparan por primera vez las Islas Malvinas, Rivero encabezó la rebelión de criollos e indígenas, motivados por la desesperante situación social y la afrenta colonialista, desconociendo la autoridad impuesta de los británicos. Un grupo de ocho hombres: tres gauchos y cinco indios, se sublevó y ajustició al capitán Brisbane, quien era en ese entonces el representante inglés de las islas; al capataz Simón: al despensero William Dickson y a dos hombres más de origen británico que oficiaban de guardias. Los héroes sublevados de aquellas jornadas bajo el mando del Gaucho Rivero fueron: Juan Brassido, José María Luna, Manuel González, Luciano Flores, Felipe Zalazar, Marcos Latorre y Manuel Godoy.

El imperialismo inglés vuelve a usurpar las Malvinas

La rebelión del gaucho Rivero y sus criollos e indios, seis meses y 23 días, tras los cuales, a principios de enero de 1834, llegan a Puerto Soledad las goletas de guerra británicas “Challenger”, al mando del capitán Seymour y “Hopeful”, al mando del teniente Rea.

Tras un intenso cañoneo y nuevo desembarco de tropas, volvieron a arriar la bandera argentina y en un nuevo acto de colonialismo y usurpación de territorio soberano argentino, izaron la bandera británica, corporizándose de esta manera, la segunda invasión británica a Malvinas.

Una vez efectuada la toma de Puerto Soledad, los ocupantes ingleses organizaron una partida armada para apresar a los gauchos que al verse superados en número y en poder de fuego; y luego de haber resistido facón en mano la llegada de los extranjeros, habían huido a los cerros cercanos a Puerto Soledad.

La persecución duró alrededor de tres meses y terminó por agotar a los criollos. Uno de los gauchos, Luna, traicionó a sus compañeros delatando su posición, y otro gaucho llamado Brasido, desertó.

Los ingleses reforzados por la llegada de los barcos de guerra “Beagle” y “Adventure”, pudieron finalmente apresar a los compañeros de Rivero. A los pocos días de haber sido apresados sus compañeros, el gaucho Antonio Rivero fue capturado y engrillado y los cinco hombres que habían sobrevivido fueron embarcados en la “Beagle” y llevados a Gran Bretaña, donde fueron encerrados en la prisión de Newgate durante siete años.

Si bien, las actas labradas fueron entregadas al Almirantazgo inglés, el tribunal británico una vez que analizó los hechos y no halló elementos de juicio suficientes para condenar a los prisioneros, ordenó embarcarlos con rumbo a Montevideo. De esta manera, el gaucho Rivero y sus compañeros fueron subidos, engrillados, a la goleta “Talbot” con rumbo a Sudamérica.

La muerte del gaucho Rivero 

Sin bien no todas las fuentes históricas coinciden en este punto, una vez regresado a su patria, el gaucho Rivero se sumó a las tropas de las Confederación Argentina, al mando del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Debido a su experiencia y buen manejo del facón, pronto consiguió importantes ascensos.

Según afirman algunos historiadores caracterizados como “revisionistas”, la última patriada del Gaucho Rivero, la que le costará su propia vida, la llevó a cabo el 20 de noviembre de 1845, combatiendo en la batalla de Vuelta de Obligado, contra las flotas colonialistas francesas e inglesas, que a cañonazos intentaron imponer sus mercancías en nuestros Mercados, con la intención de convertir a la Argentina en un país dependiente, sin lograr su objetivo.

La hazaña llevada a cabo por el Gaucho Rivero, y sus compañeros gauchos e indígenas en nuestras Islas Malvinas, fue un hecho de singular valentía y patriotismo, que vuelve a demostrar la presencia consolidada de argentinos en nuestra Islas Malvinas, previo a la usurpación -hasta la actualidad- británica.

Un comentario

  1. Brillante crónica. Muchísima información, no siempre conocida. Felicitaciones!

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