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El gran desafío del peronismo tras el acuerdo con el FMI: ponerse al lado del pueblo para garantizar el acceso a la alimentación y generar puestos de trabajo

Por Maximiliano Borches. El programa de facilidades extendidas para refinanciar la megadeuda de 45 mil millones de dólares, que dejaron Mauricio Macri y sus socios radicales y lilitos ya es ley, y Argentina evitó el default. Ahora, al peronismo le toca la gran tarea de garantizar el acceso popular a una alimentación de calidad y generar puestos de trabajo. Para esto, hay que atacar sin tibieza ni titubeos a la inflación, potenciada entre otros factores externos e internos, por la estrategia política de la derecha neoliberal agazapada, que pretende imponer una hiperinflación para repetir la estrategia de Carlos Menem, una vez que Alfonsín se fue corriendo seis meses antes de finalizar su mandato: manipular al pueblo para convencerlo de que hay que privatizar y limitar derechos conquistados, con el fin de “evitar el caos inflacionario”. Esa historia ya la vivimos, y es responsabilidad de todos quienes hoy son referentes nacionales peronistas –como también de sus bases-, que no volvamos a caer en esa trampa. En esta coyuntura no debería haber espacio para internismos infantiles. Es vital ponerse al lado del pueblo.

En estos dos años de gestión del Frente de Todos, sin dudas pasó de todo y casi la totalidad de este tiempo de mandato fue de excepcionalidad, por la pandemia de coronavirus que sigue azotando. También, estos dos años estuvieron marcados por una peligrosa tibieza a la que solo se la intentó contrarrestar con cartas públicas publicadas en redes sociales y enojos que fueron escalando hasta poner al borde de la quiebra, la herramienta política que supo vencer a la alianza macrista/radical/lilito, tras cuatro años de caos político y económico, que no solo se caracterizó por el cierre de más de 45 mil Pymes, tarifazos impagables y destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo; reinsertó a la Argentina en el Fondo Monetario Internacional, hipotecando el futuro y dándole un golpe de gracia a la soberanía política y a la independencia económica que se había conseguido ante ese organismo, cuando Néstor Kirchner desendeudó a la Argentina a principios del 2006.

Si bien es una realidad que el FMI ya está en Argentina desde el 2018 y no es que estará ahora, a partir de este acuerdo; urge la necesidad de un reencuentro entre todos los sectores que conforman el Frente de Todos, bajo el paraguas de una sola premisa: garantizar el acceso a la alimentación de calidad y al trabajo genuino para nuestro pueblo.

Si esto no se logra, entonces el peronismo como denominación política de ese emblema tan potente de dignidad nacional, llamado Justicialismo, solo quedará en la memoria de lo que supo ser un histórico movimiento nacional y popular que cambió para siempre las reglas de juego de la explotación, a las que estaba sumida el conjunto de los trabajadores, y habrá fracasado en su posibilidad de resignificarse y seguir siendo la alternativa de los más postergados de la patria, como así también, de los sectores que a través de su esfuerzo y acompañados de políticas públicas, logran la movilidad social ascendente.

En este momento, el peronismo debería mirarse en el espejo del PRI mexicano.

Todavía se está a tiempo.

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