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La Universidad Nacional de Moreno presentó el XV Informe de Análisis de Coyuntura Económica

Días pasados. el Departamento de Economía y Administración de la Universidad Nacional de Moreno (UNM), orgullo académico de nuestra comunidad, que coordina el economista Alejandro Robba, presentó el Informe Nº XV de Análisis de la Coyuntura Económica Nacional e Internacional, que aporta información sobre el desenvolvimiento de la economía tanto en Argentina como en la región. Au tésis es clara y contundente: «Mala noticia para la Argentina. En resumen, no existe ninguna crisis internacional ni actual ni a la vista, como para ser la causa principal de la mala performance económica de nuestro país a partir de fines de 2017».

A continuación reproducimos las conclusiones y perspectivas  del Informe:

Conclusiones.

La economía mundial continuará expandiéndose de la mano de los países emergentes –en particular India y
China- y de EE.UU. El comercio mundial también se expande, pero a menor ritmo debido a un mayor
proteccionismo y al incremento de la tasa de interés internacional, que ha determinado menores flujos de
capitales hacia emergentes. Las luces amarillas se encienden respecto a los altos niveles de deuda que
detentan los países, luces que podrían pasar a naranja, si la tasa de interés sigue en alza, algo que la FED ha
descartado por ahora. Latinoamérica también crece, pero a un ritmo más bajo que el total emergente y en el
caso de Brasil, los auspicios de mejora que había meses atrás, se están diluyendo a medida que se conocen
las políticas adoptadas por el nuevo presidente. Mala noticia para la Argentina. En resumen, no existe
ninguna crisis internacional ni actual ni a la vista, como para ser la causa principal de la mala performance
económica de nuestro país a partir de fines de 2017.

Respecto a nuestro país, la recesión actual será la más prolongada de este siglo y las probabilidades de rebote
podrían venir sólo de la mano del subsector cereales y oleaginosas (no de todo el sector agropecuario), actividad
cuya generación de empleo es baja. La política monetaria y cambiaria puesta en práctica a partir de la llegada del
tercer presidente del BCRA en tres años –Guido Sandleris- afectó fuertemente la economía real dejando por el
camino miles de trabajadores despedidos y cientos de empresas de todo sector y tamaño (pymes, grandes
nacionales o transnacionales) que han cerrado o están al borde del precipicio. La fragilidad financiera externa a
causa del inusitado incremento de la deuda externa que realizó Cambiemos a partir de 2016 (sin ninguna aplicación a la generación de divisas para el repago) y de la imposibilidad de conseguir dólares del mercado voluntario a partir de enero de 2018, determinó el haber recurrido al auxilio del FMI. Argentina “lidera” por mucho el índice Riesgo País entre los mercados emergentes, con incertidumbre creciente sobre la capacidad de hacer frente a los pagos de la deuda externa. Desde agosto 2018, la moneda acumula una caída del 50%, 5 veces mayor al promedio de los Emergentes (8% promedio). Y hasta Turquía se alejó de los indicadores argentinos. Sin una economía mundial que se nos cayó encima como afirma el Presidente, no caben dudas que la crisis actual ha sido autoinfligida por Cambiemos –sobreendeudamiento, desconocimiento de los rudimentos macroeconómicos básicos y desmanejo de la política económica-. Este escenario llevó al gobierno a abrazarse al FMI (superpréstamo + ajuste) como única forma de sostener el tipo de cambio (ya fuertemente devaluado) y ganar tiempo hasta llegar a las elecciones. Pero a pocos meses de andar, el dólar comenzó a serle esquivo, el arbitraje dólar – tasas dejó de ser efectivo, la economía real sigue en caída libre y al ritmo de la recesión y las encuestas economistas afines y socios de la alianza gobernante ya no están tan seguros de acompañar esta experiencia. En esta situación los 7 meses que faltan para las elecciones suenan a una eternidad.

Perspectivas 2019: El crecimiento no se genera por ósmosis.

Llama la atención como se barajan hipótesis de rebote de la economía argentina, cuando la totalidad de los
indicadores referidos a la actividad macroeconómica real acusan recibo de una recesión acentuada de acuerdo
con la última información disponible que se analiza en este informe. Es cierto que, desde el punto de vista de los
escenarios, aún muy improbables, pueden imaginarse las condiciones para una desaceleración y posterior rebote
de la economía; y para ello, no hacen falta modelos sofisticados sino buen sentido económico.
Ese buen sentido indica que, si la economía dejará de caer y en algún momento rebotará, será de la mano de los
componentes de la demanda agregada que motorizan el desempeño de la producción de bienes y servicios.
Esos componentes son el consumo privado, el público, la inversión y las exportaciones. Por eso, cuando se toma
cuenta de la dinámica de estas variables, sorprende el optimismo de ciertos analistas que parecieran creer que la
economía crece por ósmosis.

El primer bimestre fue complicado para la actividad real. Todo indica que en febrero la actividad siguió en retracción: la producción automotriz, por ejemplo, registró una baja del 16,4% a/a. Aunque en enero la industria mostró un crecimiento mensual de 4,6% con respecto a diciembre, continuó mostrando un registro preocupante en la comparación interanual: cayó 10,8%. Por su lado, la construcción retrocedió -15,7% a/a. Prevemos además un desempeño similar en comercio y transporte, por lo que estimamos que la actividad se cayó en el primer bimestre del año 4,5% a/a.
Los registros oficiales (EMAE-INDEC) indican que, con nueve retrocesos consecutivos, en diciembre la actividad general se contrajo 7% a/a. De este modo, en 2018 el PBI habría cerrado 2,6% abajo.
La caída en el nivel de empleo también se profundizó: en diciembre la baja en el segmento registrado fue del 1,5% a/a. El año 2018 acumuló así una contracción del 1,6% (-191 mil empleos). En el segmento privado la baja fue más pronunciada (-2,1% a/a, -0,2% m/m), con industria a la cabeza: se perdieron 62.500 puestos en la comparación a/a (-5,1%).
En enero los precios avanzaron por encima de lo que se esperaba (2,9% m/m, 49,2% a/a), cortando la tendencia a la baja que mostraba desde octubre de 2018. Para febrero se espera un registro de al menos 3,5%; pero el primer dato publicado, del Instituto Estadístico de los Trabajadores dio un 4% preliminar. Hubo subas en electricidad, prepagas, transporte y combustibles.

Los primeros registros de 2019 indican que la aspiración del gobierno de cerrar el año con una suba por debajo del 30% luce complicada: requiere que entre marzo y diciembre los precios avancen, en promedio, al 1,86% m/m (el registro medio mensual de los últimos tres años es de 2,6%). Por el contrario, después del dato de precios
mayoristas de febrero, las expectativas de inflación ya superan el 40%.
Si hacia fin de 2018, había algún atisbo de que el poder adquisitivo de los salarios había encontrado un piso, la
aceleración inflacionaria de los últimos meses echó por tierra cualquier anhelo en esa línea. Según el IET: “No sólo eso, sino que la variación interanual trepó, por primera vez desde 1991, por encima del 50%. En febrero de 2019, los precios fueron 51,6% más altos que hace un año atrás. Por su parte, en tan solo dos meses de 2019 la inflación acumulada ha sido del 6,8%.” Como resultado de lo anterior, en febrero de 2019, el poder adquisitivo de los asalariados formales fue 11,5% inferior al de febrero de 2018, el peor registro en nueve años.

Respecto al consumo, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) publicado por le UTDT cae 3,5% con respecto al mes de febrero y 20,6% respecto a marzo de 2018. Clara muestra que el principal motor de la actividad económica y de la inversión, está apagado. Si miramos el crédito, su evolución es contraria a una expansión del consumo. La caída del crédito en pesos parece no encontrar el piso. En enero, con una baja del 23,5% a/a y del 3,9% m/m, anotó su octavo retroceso en la comparación m/m. El sector productivo es el más afectado: el stock de crédito por documentos descontados se retrajo 43,3% a/a, y 26,7% el destinado a financiar adelantos en cuenta corriente.
Descartada la palanca del consumo privado y de la inversión, ¿podemos ser optimistas con la palanca fiscal? Es
evidente que no, en el marco de la política asumida por el gobierno nacional. En enero el balance primario de sector público arrojó un superávit de $ 16.658 millones (+184,1% interanual en términos reales). Los ingresos totales cayeron 7,1% a/a en términos reales por la caída de la recaudación tributaria (-9%), que se explica por las bajas en contribuciones a la seguridad social (-13,7%) y Ganancias (-35,9%). Los gastos retrocedieron 10,9% a/a por caídas en jubilaciones (-13,9%) y salarios (-16,1%). El balance global, sin embargo, arrojó un déficit de $ 60.038 millones, porque las erogaciones para atender los intereses de la deuda pública crecieron 72,4% a/a en términos reales.

¿Serán las exportaciones el motor de la recuperación? 2019 arrancó con superávit comercial: USD 372 millones en enero. Pero las exportaciones cayeron 4,7% a/a en valores, sobre compensó el nuevo derrumbe en las importaciones (-26,5%), afectadas por la baja en el nivel de actividad. Aunque en cantidades las ventas al resto del mundo no registraron cambios en comparación a enero de 2018, los rubros más dinámicos a fines de 2018 sufrieron retrocesos: las exportaciones de manufacturas industriales cayeron 24,3%, y las de combustibles 27,4%. Todo indica que la cuenta de servicios seguirá igual tendencia: el balance cambiario de enero muestra una reducción del 52% a/a del déficit comercial de servicios, explicada fundamentalmente por la caída del rojo en turismo (-51% a/a). A su vez, la OMC alertó sobre una ralentización del comercio mundial en el primer trimestre de 2019, que ya a fines de 2018 se situó en su valor más bajo desde marzo de 2010. Por eso sostuvo que, de no mediar soluciones a las tensiones comerciales, es posible que las perspectivas para 2019 (3,7%) se ajusten a la baja. Durante marzo se esperan novedades sobre las negociaciones en curso entre EE. UU y China.

¿Qué cabe proyectar? En el último bimestre de 2018 la actividad general aceleró su ritmo de caída. Por eso
estimamos que el PBI cerró el año con una retracción de al menos 2,6% (con una baja en el último trimestre del año del 5,4% a/a), dejando un fuerte arrastre negativo para 2019 (-4,3%). En este marco, si bien la recuperación del agro y el libio rebote de la economía brasilera podrán sumar cierto dinamismo a la actividad en 2019, no bastarán para revertir la tendencia a la baja que deja el 2018. Máxime tomando en cuenta que se prevé que la contracción de la obra pública continúe y los salarios reales sigan a la baja al menos hasta el segundo semestre. En nuestra visión: Una caída de la actividad posee las mayores probabilidades.

Leé el informe Nº XV de Análisis de la Coyuntura Económica Nacinal e Internacional: 

http://www.unm.edu.ar/files/INFORME-N-15-ACENeI-Periodo-IV_18.pdf?fbclid=IwAR3p6aheB6wDhLYiQ4xKGmX-sq9TqhhevuwCIA_2ssIsx-FrMSjbi9qk2bA

 

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