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Miguel Mosquera: “Si la Causa Malvinas se desmalviniza se va a perder, y si se malviniza podremos llegar a tener un buen puerto”

Por Maximiliano Borches. En el marco del 40° aniversario de la gesta de Malvinas, Mariano Moreno Noticias presenta una cobertura no tan frecuente en los medios argentinos: acercar al lector testimonios en primera persona de oficiales de carrera del Ejército Argentino (EA) que siendo muy jóvenes, también fueron enviados a combatir por ese territorio ocupado ilegalmente por el Reino Unido y la OTAN. Miguel Mosquera hoy vive en la provincia de Catamarca. Al momento de iniciada la recuperación militar de las islas, con 19 años de edad ostentaba el grado de Subteniente en Comisión (es decir, que no había terminado la formación completa en el Colegio Militar y había egresado anticipadamente el 7 de abril de 1982) y se retiró con el grado de Mayor del EA. Combatió en Monte Dos Hermanas, donde resultó  herido y fue operado por médicos de las fuerzas de ocupación, antes de retornar al continente.

¿Cuándo llegó a Malvinas?

Llegamos el 25 de abril desde Monte Caseros, provincia de Corrientes. Parte del trayecto lo hicimos en tren, que fue el trayecto Monte Caseros a Comodoro Rivadavia y el traslado de Comodoro Rivadavia a Río Gallegos fue en camión.

-¿Qué recuerda guarda sobre aquella primera vez que tocó ese suelo argentino?

Era raro, primero, estar a tanta distancia. Le comento, junto a Marcelo Llambías y otros, éramos una tanda de Subtenientes en Comisión porque todavía no habíamos terminado nuestra formación en el Colegio Militar y recién salíamos de la institución, con lo cual nos hicieron egresar el día 7 de abril, y a cada uno, a partir del día 8 nos metieron en diferentes unidades militares. A un grupo de ocho Subtenientes en Comisión nos destinaron a Montes Caseros, al Regimiento de Infantería 4. Entonces, era raro estar en tan corto plazo en un hecho que todos comprendíamos como más allá de una causa justa, y del que cada uno a su egreso pensaba que estábamos en un hecho histórico, eso siempre lo comentábamos, y en un hecho en el que cualquier militar de formación desea estar, si bien uno a tanta corta edad como la que teníamos que era 19 años, yo por lo menos, era todo muy raro, una sensación entre una gran alegría por estar en un hecho histórico y también con los miedos y temores de poder responder con los conocimientos y prácticas que teníamos, realmente a lo que iba a ser la batalla, entonces se contraponían muchas cosas.

-¿Cuándo se terminó esa alegría de sentir que uno estaba en un momento histórico, o duró toda la guerra esa sensación?

 Yo creo que esa alegría a la que hacía referencia permaneció durante todo el conflicto, por lo menos hablo por mi parte, a medida que se va transitando el conflicto uno comienza a ser un poco más claro con los temores que uno tiene, que también se van diluyendo con el tiempo el hecho de poder estar a la altura de las circunstancias, y tomar más conciencia de lo que es realmente el conflicto, ¿no?, por eso hay un viejo dicho militar que dice: “No hay nadie más que quiera la paz que los propios militares, porque conocen las miserias de la guerra”, entonces uno va transitando esos momentos siendo un poco más consciente, primero con muchísima alegría de estar ahí y después uno está haciendo lo que quiere pero siendo mucho más consciente con las posibilidades de todo tipo, desde la muerte hasta quedar mutilado y hasta si realmente puede enfrentar esos momentos en que uno siente el miedo que impone el propio combate.

¿Cómo era esa relación con la muerte?

Cada uno la transitaba como podía, yo siempre digo –por lo menos como la transité yo- llegó un momento principalmente cuando ya estábamos en el Monte Dos Hermanas, que hay tuvimos diez días de un asedio muy importante por parte de los ingleses, y que uno ya después no piensa más en la muerte, yo lo que pensaba era en que uno ya se entrega a Dios y a la Virgen, no quedaba otra, porque si uno piensa en la muerte en sí, creo que puede llegar a tener miedo, y para poder sobrepasar ese miedo y realmente combatir, impartir órdenes y estar codo a codo con los soldados camaradas, uno tiene que entregarse a Dios y que pase lo que pase, porque eso es lo que sucedía, que pase lo que pase. Hoy me podía tocar a mí, siempre decíamos que cada bala, cada esquirla, tiene su nombre y apellido, aquellos que hemos podido sobrevivir y fuimos heridos en Monte Dos Hermanas, nos tocó una pequeña porción de ese nombre y apellido, otros como el teniente Martella, le tocó digamos su nombre completo y fue el muerto en combate que tenemos en Monte Dos Hermanas, de los oficiales. Entonces es un poco eso, es una entrega a Dios y rezar y punto.

-Usted protagonizó junto a sus camaradas uno de los combates más heroicos para nuestras tropas argentinas durante la Guerra de Malvinas, que fue el que se desarrolló en Monte Dos Hermanas, bajo las órdenes del Teniente Coronel Soria

Del Teniente Coronel Soria, sí, lo que pasó es que, pobre, el Teniente Coronel tenía toda su tropa muy dividida y a una gran distancia. Ahora, yo creo que no sé si nombrarlo como el combate más heroico, creo que todos los que estuvimos en el frente, como el Regimiento 7 en Monte Longdon, el Regimiento 4 que estuvo desplegado en Monte Dos Hermanas, y otra las compañías A y B, los morteros pesados en Monte Harriet, cada uno protagonizó una parte de ese gran frente de batalla que tuvimos, y cada uno libró su propio combate, no sé si más heroico uno que otro, pero todos estuvimos en el frente de batalla de Malvinas, y nos tocó en suerte ser parte de esa gran batalla.

-¿Aquel combate comenzó en la noche del 11 de junio, verdad?

Exactamente, en la noche del 11 de junio, aproximadamente a las ocho o nueve de la noche, no lo recuerdo bien, pero más o menos sí, en todo el frente fue el once de junio a la noche.

¿Cómo se desarrolló ese combate?, ¿comenzó con un ataque directo de las tropas británicas apoyadas por disparos de artillería naval?

No, ese combate en sí arrancó con una aproximación en silencio, con una muy buena inteligencia inglesa, aprovechando que ese fue el único día en el mes de junio que no había luna, con lo cual si uno no disponía de los medios de visión nocturna que correspondía, no podía ver a más de dos o tres metros. Entonces, ellos hicieron una aproximación en silencio aprovechando, digamos que salieron de la norma, generalmente los viejos combates siempre se hacían con un bombardeo previo y después avanzaban las tropas, acá no, las tropas avanzaron, se acercaron bastante a lo que fue la línea general de batalla y cuando nos quisimos dar cuenta los teníamos bastante cerca, justamente a raíz de una patrulla que en ese momento había dispuesto el subteniente Pérez Grandi, es que se logra detectar aproximadamente a unos trescientos metros de la línea nuestra, que había enemigos en bastante cantidad y a partir de ahí comenzó realmente el combate que se desarrolló muy cercana a la línea nuestra. Lo mismo sucedió, por lo que he leído, tanto en Monte Harriet como con el Regimiento 7, fue realmente sorpresivo. Los ingleses atacaron toda nuestra línea en Monte Dos Hermanas, Harriet y Longdon ese mismo día 11 de junio de 1982, y a la misma hora.

-¿Qué sintió al momento de la rendición?

Mi circunstancia en la rendición fue muy particular, y así lo vivimos con otros camaradas, porque al haber recibido heridas durante el combate, el 14 de junio a mí me encontró en el barco “Uganda”, que era el buque hospital inglés, a mí me operaron los ingleses allí, y me operaron el mismo día 14 así que más o menos le cuento las circunstancias: en un camarote donde éramos todos argentinos llegó el sacerdote inglés, un sacerdote católico, y nos di la noticia bien entrada la tarde, de que Puerto Argentino había capitulado, así lo definió él. Bueno, fue una desazón muy grande, tristeza, desazón, amargura, creo que todo junto, ceo que lo único que nos quedó es una resignación a ese hecho y a más de uno se nos cayó un lagrimón…no nos quedaba otra, no teníamos manera de revertir nada.

-¿Considera que en la actualidad continúa habiendo una suerte de desmalvinización?

Yo creo en la desmalvinización, sí, sí, totalmente,

-¿Por qué motivo sucede esto?

Para mí son más motivos políticos que por otra cosa, porque mire, yo recuerdo el gran desfile en el 2017 y realmente esa cara de ese desfile contra la desmalvinización, era lo opuesto, realmente ese día sentimos como que el pueblo argentino apoyaba la causa, sentía la causa, admiraba la causa, pero últimamente es como que estamos más que relegados y que la causa por nuestros veteranos de guerra que van falleciendo se va perdiendo y no hay nadie que la tome como para seguir adelante. La desmalvinización también tiene otro carácter, porque no solamente debemos ser los veteranos de guerra los que vayamos a dar conferencias, charlas, estemos y etcétera, eso también tiene que ver con un tema de educación, hoy por hoy en términos de educación son muy pocas las provincias que tienen la causa Malvinas dentro de sus currículos de historia, entonces en algún momento si no seguimos educando, y la causa se va a perder, esa para mí es un gran desmalvinización, entonces hoy uno le pregunta a un jovencito que puede tener 12 años que puede estar en sexto o séptimo grado, y hoy no sabe las causas de ese conflicto y por ende no conoce la causa Malvinas, más allá de poder hablar con los héroes o no héroes, pero no sabe porque Malvinas son nuestras.

-A 40 años de la gesta de Malvinas, ¿Cómo vislumbra los próximos 40 años de lucha por la reivindicación nacional de ese territorio ocupado por el Reino Unido y la OTAN?

Bueno, a ver, dentro de cuarenta años seguramente no voy a estar vivo, pero yo creo que en principio si se desmalviniza la causa se va a perder, y se va a perder por historia, si se malviniza posiblemente de acá a un largo tiempo podamos con nuestras relaciones exteriores llegar a tener un buen puerto, ¿si?, pero tenemos que concientizar a estas generaciones de jóvenes para que justamente la causa no se pierda, porque si desmalvinizarnos, y a nadie más le va a interesar y si esto sucede así yo calculo que de acá a veinte años ya no vamos a hablar del tema, porque muchos de nosotros vamos a ser muy viejos y muchos de nosotros ya habremos muerto y la causa se va a perder, por eso tenemos que tomar conciencia en nuestros jóvenes para que Malvinas vuelva a ser un territorio argentino, como creo que nunca se debe haber perdido.

 

 

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