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Pesaj, la libertad y el heroico levantamiento del Gueto de Varsovia

Por Maximiliano Borches. Con la salida de la primera estrella de este sábado 27 de marzo comienza la celebración de Pesaj, o Pascua judía. Este milenario rito que -entre otros- mantuvo viva la identidad del pueblo judío durante interminables siglos de persecución y asesinatos, tiene su razón de ser en el hecho más destacado de la experiencia humana: la libertad. Pesaj remonta su origen a la liberación del pueblo hebreo que era esclavo en el antiguo Egipto. Un 19 de abril de 1943, fecha coincidente con el 15 del mes de Nisán en el calendario hebreo, comienza a gestarse uno de los hechos más heroicos de la Segunda Guerra Mundial: el levantamiento del Gueto de Varsovia, al mando de Mordejai Anielewicz, un joven perteneciente al movimiento juvenil-sionista-socialista «Hashomer Hatzair». Durante 27 días, apenas unos 1.000 combatientes partisanos judíos, resistieron los feroces ataques de una de las maquinarias militares más importantes de esa nefasta época: la Alemania nazi.

Entre el 22 de julio y el 12 de septiembre de 1942, los nazis deportaron/asesinaron alrededor de 300 mil judíos en el Gueto de Varsovia. La gran mayoría fueron al campo de exterminio de Treblinka, y otros a distintos campos de trabajo forzado. En respuesta a esta masiva deportación, diversas organizaciones judías clandestinas, crearon una unidad de autodefensa llamada: «Organización Judía de Combate». Según algunos historiadores, dicha organización no contaba con más de 200 combatientes, al principio de su gestación.

Lo interesante de esa Organización, era que albergaba a todo el espectro ideológico del accionar político judeo-polaco de esos años: sionistas de izquierda, de derecha, nacionalistas, comunistas y hasta algunos religiosos, entendieron que sólo con la unidad podían -al menos- intentar defenderse de la masacre planificada que llevaba adelante el nazismo, junto a sus aliados polacos y de otras nacionalidades: todos profundamente antisemitas.

El líder de la rebelión/levantamiento del Gueto de Varsovia, Mordejai Anielewicz

En esta línea, el 18 de enero de 1943, un grupo de combatientes liderados por el joven Mordejai Anielewicz, escasamente armados con algunas pistolas y fusiles viejos, se infiltraron en una columna de judíos deportados que estaban siendo llevados a campos de trabajo y de exterminio. A la orden de Anielewicz, comenzaron a disparar contra las tropas nazis, generando una sorpresa supina entre las filas de los verdugos.

Esta acción propició que varios de los judíos que caminaban hacia la muerte, pudieran escapar. Sin embargo, la mayoría de los combatientes partisanos judíos cayó en combate. Este hecho fue tomado históricamente, como el punto de partida de la rebelión del Gueto de Varsovia.

Pesaj de 1943: comienza la rebelión por la libertad

En la noche del 19 de abril de 1943 (o 15 de Nisán en el calendario Hebreo, fecha que comienza la celebración de Pesaj que dura una semana), las tropas nazis intentaron llevar a cabo el aniquilamiento del Gueto de Varsovia, un espacio reducido donde vivían hacinadas unas 400 mil personas. Las calles estaban desiertas, y según relatos de sobrevivientes, el ruido de los motores de camiones y tanques contrastaban con el fantasmagórico escenario. La gran mayoría de los judíos estaban escondidos bajo tierra, en alcantarillas y en los más de 700 búnkeres que la resistencia partisana judía había construido sigilosamente durante varios meses, esperando esa noche.

A una señal del comandante a cargo de la resistencia partisana judía, Mordejai Anielewicz, una rápida lluvia de balas cayó como una de las siete plagas que narra el mito de pesaj en el Antiguo Testamento, sobre los verdugos de las SS y tropas del Ejército alemán. Comenzaba una de las rebeliones más épicas del siglo XX, y de la larga historia de rebeliones del pueblo judío.

El comandante de las SS nazi a cargo de la operación, Jürgen Stroop, informó sobre la pérdida de doce de sus hombres sólo en la primera noche de combates.

A partir de allí, y a pesar de los constantes ataques con pesadas piezas de artillería, los jóvenes partisanos judíos del Gueto de Varsovia resistieron a uno de los ejércitos mejor armados del planeta, por esos años.

El 8 de mayo, Mordejai Anielewicz cae en combate junto a su novia y varios compañeros. La rebelión, sin embargo, duró ocho días más.

Al finalizar los 27 días de resistencia, el saldo fue de 13. 000 partisanos judíos caídos en combate, más de 56 mil judíos capturados por las tropas nazis, de los cuales en los primeros días unos 37 mil fueron deportados al campo de exterminio de Treblinka, y de los 400 mil judíos que originalmente fueron encerrados en el Gueto de Varsovia, sólo sobrevivieron entre 10 y 15 mil.

Las tropas nazis, y sus aliados polacos y checos, sufrieron entre 700 y mil bajas.

El heroico levantamiento del Gueto de Varsovia quedó grabado a fuego, como una demostración más de que ningún enemigo es lo suficientemente poderoso cuando las ansías de liberación y el amor por la vida, son las decisiones clave para transformar la sumisión en resistencia.

Un joven poeta, Hirsh Glick, que sólo vivió 22 años ya que fue asesinado por los nazis en un campo de exterminio, compuso la letra del himno de los partisanos judíos: «Partizaner Lid», a continuación reproducimos su palabras, gracias a la traducción realizada en su momento por ese gran poeta judeo-argentino que fue Eliahu Toker, y que más arriba en la nota lo podés escuchar cantado en su idioma original: Idish:

«Nunca digas que vas tu último camino

aunque los días azules se oculten tras cielos plomizos;

todavía va a llegar el momento soñado

y resonará nuestro paso: ¡Aquí estamos!.

Desde el país de las nieves al de las palmeras

aquí estamos, con nuestro dolor, con nuestra pena,

y donde haya caído una gota de nuestra sangre,

brotarán nuestro heroismo, nuestro coraje.

El sol del mañana dorará nuestro hoy,

y el enemigo se esfumará como el ayer,

pero si demora en aparecer el sol,

vaya por generaciones como consigna esta canción.

Esta canción fue escrita con plomo y sangre;

no es el canto libre de un pájaro salvaje;

entre el desplomarse de muros quebrantados

lo cantó un pueblo con armas en las manos.

Nunca digas entonces que vas tu último camino

aunque los días azules se oculten tras cielos plomizos;

todavía va a llegar el momento soñado,

y resonará nuestro paso: ¡Aquí estamos!.

 

 

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