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52 años sin Perón: ¿la dirigencia política está en condiciones de recuperar la capacidad de interpretar a la sociedad?

Por Maximiliano Borches. A 52 años de la partida física de Juan Domingo Perón, la pregunta relevante no es si la «Argentina debe volver a Perón», sino si su dirigencia política —peronista y no peronista— está en condiciones de recuperar aquello que hizo posible su liderazgo: la capacidad de interpretar a la sociedad real (al pueblo trabajador), de articular intereses diversos y de pensar el país como un proyecto colectivo y no como un botín circunstancial, tal como sucede hoy con los principales funcionarios y referentes de «La Libertad Avanza» cuyos niveles de corrupción, enriquecimiento ilícito y destrucción del Estado Nacional, es pavoroso. Cuando la política se limita a administrar el conflicto permanente, o se reduce al cálculo inmediato, la Nación se fragmenta y el pueblo queda a la intemperie. Como advertía Raúl Scalabrini Ortíz: «los países no fracasan por falta de recursos, sino cuando dejan de pensarse a sí mismos como comunidad organizada». En ese interrogante —más que en la nostalgia— reside la vigencia de Perón en este nuevo aniversario.

Un poco de Historia

Perón sabía que volver a la Argentina en 1972 -primero-, y 1973 de manera definitiva, significaba iniciar la aventura final de su tercera presidencia (a la que accedió con la mayor cantidad de votos de toda la historia democrática argentina hasta el presente: 62% de los sufragios), que acortó dramáticamente su vida. Perón fue un hombre que vino a morir a la Argentina. No quería despedirse de la vida terrenal en la España del exilio forzado.

Para contextualizar la importancia de la irrupción de Juan Perón y el peronismo –como movimiento revolucionario-, podemos poner como punto de partida que desde la derrota de la última rebelión montonera, encabezada por el caudillo entrerriano Ricardo López Jordán durante la primera mitad de la década de 1870, hasta la revolución de 1943, que posibilitó el ascenso de un por entonces ignoto coronel del Ejército Argentino llamado Juan Domingo Perón al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión –donde nació la revolución justicialista que tuvo su epicentro histórico en aquel mítico 17 de octubre de 1945–, las mayorías populares, el subsuelo de la patria que pronto daría su paso decisivo para rebelarse, recuperar su dignidad y conquistar una serie de derechos de los que en la actualidad pocos países se jactan de tener y preservar, transitaron un oscuro ostracismo de siete décadas, en las que por un momento creyeron cortar su maldición con el gobierno de Hipólito Yrigoyen, hasta que las monumentales masacres de obreros en los sucesos conocidos como “Semana Trágica” y “Patagonia Rebelde”, pusieron fin a esa débil esperanza. Numerosos tangos dan cuenta de la inmensa tristeza que se vivía por ese entonces, ejemplo de ello es “Acquaforte”, tango escrito en 1932 por Juan Carlos Marambio Catán, con música de Horacio Pettorossi.

Mientras escribo este artículo, escucho «Acquaforte», cantado por  el incomparable Carlos Gardel.

“El justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista. Como doctrina política, el justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad. Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía; y ésta al servicio del bienestar social. Como doctrina social, el justicialismo realiza la justicia social que da a cada persona su derecho en función social” (Juan Perón)

Perón, el organizador que domó al tiempo

En términos de teoría política, uno de las claves de la fortaleza teórica del justicialismo se encuentra íntimamente relacionada con la condición de militar estudioso y aplicado que fue Juan Perón, ya que su arte radicó precisamente en trasladar al cuerpo político que dio vida a la Doctrina Justicialista, la estructura teórica de la formación y el saber militar, no solo para que sea concreta y efectiva, sino para que perdurase en el tiempo.

En este sentido, es necesario destacar que Perón toma a la Argentina como una unidad, como un cuerpo, como una sola organización. Por otro lado, según él, toda organización, para ser tal, debe tener un objetivo determinado, una finalidad definida. Porque sin finalidad, sin objetivo claro, no hay organización. Para lograr ese objetivo o finalidad todos los integrantes de la organización deben estar unidos, como las células de un cuerpo, para realizar esa finalidad. En un cuerpo, para ser tal, los elementos (cabeza, tronco y extremidades) deben estar “unidos…”

De esta manera, para Perón, toda organización tiene dos elementos esenciales: la organización espiritual que son las ideas (“la doctrina”) que unen a los integrantes de la organización detrás de ese objetivo o finalidad compartida otorgando “unidad de concepción”,  y la organización material, que determina los elementos necesarios para lograr “unidad en la acción” para realizar esa finalidad.

Para lograr esa “unidad de concepción” en el país, la doctrina justicialista propone reemplazar a las opiniones personales o de grupo, por una doctrina, una causa, un ideal que exprese los anhelos y necesidades del conjunto del pueblo: la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria.

«No existe para el peronismo más que una sola clase de hombre: los que trabajan” (Juan Perón)

Esta concepción de los objetivos a cumplir y la formación de cuadros dentro del movimiento nacional justicialista, fue la que durante las primeras dos presidencias, la resistencia de casi dieciocho años de exilio forzoso, y el regreso definitivo a la Argentina para convertirse en Presidente por tercera vez, mantuvo vivo y organizado al movimiento, y todo esto por la constante presencia de la Doctrina en cada una de las acciones a realizar (política y sindical)

Las experiencias posteriores del peronismo ya sin Perón, derivaron en resultados distintos, no solo por la carencia del gigante conductor (inevitablemente Perón transitó el mismo destino que los recorridos por el yugoslavo mariscal Josip Broz Tito, T. Roosvelt, Ch. De Gaulle, Mao Tse-Tung y/o Fidel Castro –solo por nombrar algunas destacadas figuras del siglo XX, cuya gran presencia y nivel de conducción se transformó en imposible sustituir), sino también por atravesar contextos completamente distintos a los vividos por Perón (caída del Muro de Berlín, cambio climático, crisis financieras globales, surgimiento de China como potencia hegemónica que disputa a EEUU de manera directa, etc.), como también por haberse alejado de la Doctrina Justicialista. Hasta el presente, las experiencias peronistas gobernantes desde recuperada para siempre la democracia, en 1983, constituyeron su ethos político alejadas de la Doctrina, y hasta intentaron ponerse nombres para intentar encarar superaciones dialécticas al movimiento (léase: “menemismo”, “kirchnerismo”), pero nada de eso sirvió.

Hoy, a 50 años del fallecimiento de la figura política más importante desde la Revolución de Mayo, y posteriormente, José de San Martín y Juan Manuel de Rosas; el peronismo se transformó finalmente en identidad y cultura popular, más allá de los resultados electorales coyunturales que se fueron dando, y que nada tienen que ver con lo identitario.

Pasada ya la mística revolucionaria del primer justicialismo, con Perón y Evita a la cabeza, y en un mundo donde la revolución transita esencialmente en las imparables novedades tecnológicas y las nuevas formas de relacionarse con el otro, el justicialismo, su Doctrina y toda la mitología que supo crear en más de ocho décadas, se mantienen firmes para seguir dando la batalla esencial de la inclusión humana. Nada está definitivamente perdido aún.

20 verdades peronistas:

1º) La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.

2º) El peronismo es esencialmente popular. Todo circulo político es antipopular y, por lo tanto, no peronista.

3º) El peronista trabaja para el MOVIMIENTO. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo; lo es sólo de nombre.

4º) No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.

5º) En la NUEVA ARGENTINA el trabajo es un derecho, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.

6º) Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista.

7º) Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

8º) En la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres.

9º) La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.

10º) Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.

11º) El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.

12º) En la NUEVA ARGENTINA los únicos privilegiados son los niños.

13º) Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el peronismo tiene una doctrina política, económica y social: el Justicialismo.

14º) El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.

15º) Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.

16º) Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ‚ésta al servicio del bienestar social.

17º) Como doctrina social el Justicialismo realiza la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social.

18º) Queremos una Argentina socialmente Justa, económicamente Libre y políticamente Soberana.

19º) Constituimos un gobierno centralizado, un estado organizado y un pueblo libre.

20º) En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo.

«NO HAY NUEVOS ROTULOS QUE CALIFIQUEN A NUESTRA DOCTRINA NI A NUESTRA IDEOLOGÍA, SOMOS LO QUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN»

Juan Domingo Perón

 

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