Por Mariana Vaiana (Desde Roma) El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú el pasado 25 de Agosto. Aterrizó en un avión militar el C-17 de 77 toneladas de carga útil y 53 metros de largo. Una aeronave que a simple vista parecería inusual para el traslado de uno de los funcionarios más importantes de la administración Trump, pero no lo es en absoluto, porque de hecho la guerra en Ucrania es una operación de la CIA. Rusia habilitó los corredores para el ingreso del avión de Ratcliffe, la visita no estaba acordada y fue atendido por su par Sergey Narishkin, jefe de la inteligencia exterior de ese país. Ratcliffe había fracasado en su misión de “diplomacia dura”, aparentemente viajó para reunirse o con el Ministro de Relaciones Exteriores, Sergey Lavrov o con el presidente, Vladimir Putin, en un intento desesperado por frenar el colapso de Ucrania. El invierno se acerca, los bombardeos se intensificaron dejando al país sin defensas aéreas, el puerto de Odessa sigue bloqueado y cerrado completamente a la exportación de granos de la que depende en gran parte Europa, y por supuesto, impidiendo el ingreso de suministros y el avance, constante, del ejército ruso en el frente de combate de más de 1500 km. Funcionarios europeos y medios de comunicación acudieron de inmediato a tapar el traspié. Los artículos afirmaban que Ratcliffe viajó para advertirle a Putin que no tomara ninguna medida contra las naciones bálticas. el presidente de Francia, Emmanuel Macrón, declaró que Rusia estaba preparando acciones contra el Reino Unido y otras naciones europeas. el canciller de Alemania, Friedrich Metz, le declaró la guerra a Rusia por enésima vez. Nada de esto tiene asidero con la realidad, pero parece estar preparando el terreno para acciones de tipo terrorista dentro de Europa. Fuentes muy bien informadas de Reino Unido con llegada al Kremlin, afirman que el director de CIA llevaba en su maletín tanto sobornos como amenazas, entre ellas la de intentar involucrar a Rusia en una guerra híbrida contra Europa, que se traduciría en plagar los medios y las redes sociales usando “la amenaza Rusa que se cierne sobre Europa” o de una escalada dirigida directamente desde EE.UU.
Ilustración de tapa: John Lee Ratcliffe director de la CIA, de Vensentini.
La obsesión por cambiar la percepción de lo que sucede a partir de la creación de esquemas mentales alternativos que niegan la realidad, va a tener que lidiar con al menos tres millones de cadáveres en Ucrania, un genocidio en Palestina, y los actos terroristas contra escuelas y casamientos en Irán. Matar niños es un sello distintivo de este momento bélico.
La “crisis de la ciencia militar” a la que se refirieron algunos artículos la semana pasada no la transitan Rusia o Irán. Es una preocupación que concierne exclusivamente a Occidente frente a la crisis de un modelo que se extiende a todos los ámbitos. La producción reemplazada por la especulación, la historia por relatos de propaganda, la economía por contabilidad creativa, la política por las relaciones públicas, y así, un esperpento con resultados desastrosos para el mundo en general y para Estados Unidos en particular, que perdió la carrera armamentista con implicancias directas en su base económica monetaria e industrial.
La guerra es lo que da dinámica a la económica de Occidente, todo lo demás está paralizado, esa desaceleración del tiempo es correlato de la desindustrialización y reprimarización de la economía. No hay poder de vigilancia sin control del territorio. La industria crea dinámicas que se reproducen a través de la innovación, la diversificación, a través de la inversión. La economía industrial lleva implícita el desarrollo de las fuerzas productivas y la consecuente distribución de la riqueza. Por el contrario, la renta financiera, la renta inmobiliaria, la renta de la tierra, no generan riqueza social, es capital moviéndose dentro de un circuito cerrado que funciona a costa del resto de la economía, donde cualquier variable que desvíe el dinero hace peligrar la acumulación de los poderes concentrados. De esta forma el ajuste, las recetas de austeridad son subsidiarias de un sistema económico que paraliza, detiene, reprime para poder moverse a la velocidad de la luz en el ciberespacio donde se ejecutan las transacciones de activos. Esta ilusión narcótica que ofrece la economía financiera – intangible, veloz, inalcanzable – que discurre con total impunidad en el futuro distópico, sin pasado ni memoria, encontró su límite en países que se tomaron muy en serio el peso de su historia y que lograron un desarrollo soberano, China, Rusia e Irán.
La deuda externa de todos los países dentro de la órbita del hegemón estadounidense financió la economía de ese país durante décadas. Pero este esquema parece a punto de colapsar cada día que pasa, de ahí los esfuerzos desesperados de Scott Bessent frente a los medios internacionales intentando de explicar que la situación está bajo control y en paralelo declarando, como si se tratara de una película entre mafiosos y agentes de Langley, que la «Operación Marginado Económico» está diseñada para “asfixiar” la economía de Irán y la de todos los países que no se sumen a la guerra comercial propuesta por Washington, incluida por supuesto China. La crisis global que se avecina, de la que advierten varios analistas de países como China, Reino Unido y del propio EEUU, está vinculada a los niveles de deuda sin precedentes que padecen todos los países aliados al sistema económico estadounidense y la razón de la implosión es que los mercados sin regulación por parte de los gobiernos, van creando deudas cada vez más grandes a una velocidad cada vez mayor, que llevan los intereses a niveles tan elevados que las vuelven impagables porque los ingresos son insuficientes para cubrir esos intereses cada vez más elevados.
El sistema financiero creó dos burbujas que se retroalimentan, la burbuja de la IA y la burbuja de deuda. Esto significa que los préstamos otorgados fueron para apalancar los activos de las empresas de inteligencia artificial que se alimenta de la deuda y esta crece conforme a la necesidad de seguir sosteniendo la cotización de los valores de estas en el mercado. Bessent al frente del Tesoro intenta evitar el mismo escenario que produjo el estallido de la burbuja del mercado hipotecario subprime, el aumento de las tasas de interés. Esta fue la razón de la intervención en el mercado japonés, frenar la venta de bonos de la deuda norteamericana iniciada por el gobierno de ese país para contener la devaluación del Yen. Bessent optó por recomprar los bonos de deuda norteamericana vendiendo euros de sus reservas y así logró que las tasas se mantuvieran estables, pero no que el Yen se continuara devaluando.
El mismo procedimiento había utilizado con Argentina para evitar que se rompiera la convertibilidad encubierta, que sostiene al dólar en valores que no se ajustan con los reales. Bessent a través del Tesoro prestó a la Argentina 20 mil millones de dólares. ¿Qué obtuvo a cambio? Según Trump 25 mil millones de ganancia.
Hace un par de días en entrevista con Tucker Carson, Joe Maxwell, agricultor de Missouri de cuarta generación de larga trayectoria política en la defensa del sector ganadero estadounidense, que lucha contra la concentración monopólica de los cuatro grupos que dominan el mercado de su país dos de Brasil donde JBS de la familia Batista es por mucho la mayor, seguido por Cargill y Tyson. Maxwell denuncia el impacto del ingreso de carne argentina en el mercado norteamericano y el juego que hace su gobierno con el sector exportador de nuestro país. Reveló que la carne argentina que ingresó el año pasado fue a cambio un préstamo otorgado por la administración para sostener al gobierno de Milei en las elecciones de medio término. Este año en el que hay elecciones de medio término en Estados Unidos, se otorga una cuota de ingreso de carne argentina que no estaba prevista en el Suministro Mundial de Carnes de Res para este año, y que excede por mucho el volumen promedio de lo importado en año anterior. El total importado de carne de res en 2025 fue de 204.120 toneladas, este año en el término de 90 días ingresan sólo de Argentina 340.000 toneladas con un descuento del 25%. Maxwell se pregunta quién se está beneficiando con este movimiento sorpresivo en momentos en que la oferta mundial de carne escasea.
Desde el final de la Guerra en 1945 la política exterior de EEUU fue controlada por la CIA que boicoteó todo intento de independencia económica y autosuficiencia de los Estados extranjeros. Los planes de reconstrucción para la recuperación económica de posguerra financiados con préstamos del FMI y Banco Mundial fueron suficientes para crear un sistema de países con déficit de pagos. Como resultado Estados Unidos despojó a Europa y a América del Sur de gran parte del oro de sus reservas. Para 1946 el Tesoro de EEUU poseía tres cuartas partes del oro mundial, privando a los mercados extranjeros de capacidad de compra de exportaciones de productos estadounidenses. El superávit de pagos se transformó entonces en una amenaza. Gran Bretaña, que estaba en bancarrota, restringió las importaciones estadounidenses y se vio “obligada” a hacer acuerdos bilaterales con otros países como ya había hecho en el pasado asfixiada por los préstamos de la I Guerra Mundial. El Pacto Roca – Runciman (1933), entre nuestro país y el Imperio Británico, surge en el contexto de esa crisis de deuda, el mismo establecía nuevas condiciones para el ingreso de carne vacuna Argentina a cambio de concesiones económicas y políticas en materia de soberanía y política exterior. Como forma de acceder al cupo de carne, Argentina, se comprometió a reducir los aranceles de 350 productos británicos y abstenerse de imponer aranceles a las principales importaciones como el carbón. Entre los negociadores que acompañaron a Julio A. Roca (h) estaba el estanciero José Alfredo Martínez de Hoz que posteriormente sería embajador de Francia y luego de Reino Unido durante la II Guerra Mundial, también Ministro de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Frondizi. De esta manera Martínez de Hoz se hizo con el control de la política economía argentina para los intereses Británicos y Norteamericanos en nuestro país, que luego continuará su hijo con un posgrado en la Universidad de Cambridge, miembro del Consejo Asesor Internacional del Chase Manhattan Bank de David Rockefeller y de la OEA, antes de ser Ministro de Economía de la Dictadura de 1976.
La restricción de Argentina al mercado energético mundial entre 1860 y 1910 apoyada por la oligarquía terrateniente aliada del Imperio Británico, impidió que el país se industrializara para no competir con el desarrollo de Estados Unidos y Europa. En el año 1870 Sarmiento, cuyo modelo de desarrollo era el norteamericano, promulgó una ley para la exploración de yacimientos de carbón mineral que fueron descubiertos siete años después. Ese mismo año, 1870, el agente inglés William Greenwood que exploraba la Patagonia proveniente del núcleo de estancias inglesas de Punta Arenas en Chile, notificó a su país de la existencia de yacimientos del carbón mineral ese mismo año. La Revolución Industrial provocó una explosión demográfica que casi duplicó la población mundial entre 1800 y 1900 y triplicó la demanda de energía. El consumo de leña quedó relegado a los hogares, mientras el carbón mineral indispensable para nutrir las máquina a vapor de la industria y el ferrocarril, paso a aportar el 50% del consumo global de energía. Inglaterra para ese entonces dominaba el 90% del mercado internacional, y le aseguró a ese país una sólida producción manufacturera en el sector textil y en la industria pesada. A raíz de la restricción por la demanda del mineral de países productores de armamentos durante la II Guerra Mundial, Argentina que para entonces seguía dependiendo de la importación de carbón vio paralizada su economía, que comenzó a normalizarse a medida que el conflicto llevaba a su fin. Recien en 1946 con la llegada de Perón, se extraían 450 millones de toneladas anuales que eran transportadas en ferrocarril desde las minas al Puerto de Río Gallegos, para llegar por mar hasta Buenos Aires.
Expansión militar y deuda
La Guerra Fría proporcionó el marco ideológico para la expansión y control económico – militar imperialista, las estrategias de “contención” desarrolladas por Dulles representante de Wall Street y director de la CIA en aquel entonces, fueron un eufemismo para referirse a la “eliminación del enemigo”, el comunismo. Asumiendo el rol de guardián del capitalismo mundial – Dulles pensaba que así como el capital tiene como objetivo la rentabilidad y el Estado tiene su equivalente en la seguridad – la CIA se hizo con el control de la política económica y militar del mundo. La guerra de Corea (1950 -1953) resolvió, al menos por un tiempo, el déficit de la balanza de pagos estadounidense, con el comunismo como eje de propaganda, y un congreso formado en gran medida por las elites más próximas a los bancos, abogados corporativos, industriales y comerciantes, fue mucho más fácil conseguir la aprobación de créditos destinados a programas militares de ayuda en el extranjero para la lucha contra el enemigo común. El gasto militar del mantenimiento de las bases, de sus efectivos, los ejercicios conjuntos, la compra de material bélico entre otros, sería la forma que tomaría el apoyo monetario internacional entre los países de la OTAN para la defensa y la seguridad del hemisferio. Así comenzó a expandirse la influencia del dólar como moneda de referencia. Logrando la liquidez necesaria para el funcionamiento del sistema financiero mundial se incrementaron las reservas de los Bancos Centrales de las economías con superávit e implicó que la nación emisora de la moneda de referencia, Estados Unidos, actuara como un prestatario internacional.
Para 1964 la deuda de EEUU con los bancos extranjeros había superado el valor de sus reservas en oro, el déficit de pagos procedía del gasto militar exterior, principalmente de la guerra de Vietnam. En 1971 cuando las reservas se agotaron Nixon termina con la convertibilidad del dólar en oro y se inicia el ciclo de los bonos del Tesoro como patrón de la deuda en dólares basado en la convertibilidad del dólar. Los Bancos Centrales recibían dólares por exportaciones y los bancos comerciales que operaban con la moneda local no tendrían otra opción que prestar esos dólares al Tesoro estadounidense. Cuanto mayor era el déficit de EEUU más dólares debían invertir los gobiernos extranjeros en bonos de una deuda norteamericana que era financiada por los bancos centrales. Así el déficit de la balanza de pagos se convirtió en un medio para la expansión de una economía que usaba los recursos de otros países para su propio beneficio, como explica Michael Hudson en su libro Super Imperialismo – El origen y los fundamentos del dominio mundial de EEUU (1972).
La imposición de esta nueva forma de imperialismo político – económico basado en la exploración de los gobiernos por el gobierno de los Estados Unidos, a través de los bancos centrales y de los organismos multilaterales de crédito y control del capital intergubernamental se impuso a las actividades de las empresas privadas en busca rentabilidad. El gobierno de Estados Unidos para la década del 1970 dominaba la estructura financiera internacional no ya como acreedor sino en virtud de su posición de deudor.
Las tasas de interés de las deudas son el medio de extracción de la riqueza, el poder de los acreedores aumenta en relación directa al aumento de las tasas de interés, lo que deteriora aún más la situación de los deudores. Este fenómeno que vemos en Argentina es un reflejo de lo que sucede también en Estados Unidos y la razón es el marco de la ideología económica de los economistas y de los banqueros a cargo de los Bancos Centrales, que desde la década de 1960, que define y defiende los intereses de los acreedores.
Las metas antiinflacionarias de las que son tan afectos los economistas, sean ministros o banqueros de cualquier signo político, benefician y protegen principalmente a los acreedores. La inflación es por el contrario, una forma de erosión de los valores de las deudas contraídas. En un esquema de capitalismo industrial, la creación de empleo mejora los ingresos, los precios suben pero también el valor del dinero, todo aumenta en relación al préstamo tomado con anterioridad. La inflación desinfla la riqueza de los acreedores. Los préstamos hipotecarios, por ejemplo, en épocas de inflación con una economía en desarrollo, pone el valor de los préstamos en términos reales, a la vez que crecen los salarios, paritarias mediante, crece también el precio de las propiedades. Las políticas de austeridad, de recorte del gasto público, promovidas por el FMI, BM y los organismos internacionales de crédito en general, hacen exactamente lo opuesto, ayudan a concentrar la riqueza producida por el conjunto de la sociedad, en pocas manos.
Las políticas económicas implementadas por la CIA a través del Consenso de Washington y la Doctrina de la Seguridad Nacional fueron los instrumentos de extracción de la riqueza a manos del capital financiero internacional. El acceso al financiamiento externo a través de la emisión de deuda, canjeada por bonos del tesoro norteamericano, funciona como un esquema Ponzi. Es en definitiva una estafa. La colocación de deuda atrae inversores por los altos rendimientos, que se pagan con los intereses de los mismos tomadores de deuda y no a través de una inversión en una actividad económica real. Este esquema funciona mediante el ingreso constante de nuevos aportes. Completan el cuadro las políticas de austeridad, ajuste del gasto público y las metas antiinflacionarias que terminan por estrangular la economía real. Sin una base legítima el esquema colapsa cuando no ingresan nuevos inversores. Las políticas neoliberales dependen 100% del respaldo político y económico para mantener a flote los activos financieros por eso el Estado debe ser parte de la economía neoliberal, ya que funciona como garante. La especulación, los monopolios, y la creación de activos derivados crearon una clase rentista financiera que concentra la riqueza sin producir nada a cambio y que lucha por apropiarse del dinero de los que trabajan.
Como todas esos pagadioses de la política y de la vida, el gobierno argentino sigue esperando la derrota de Rusia, y la apertura del Estrecho de Ormuz. Mientras tanto Milei y su séquito multipartidario apretados y atenazados por la oligarquía financiera argentina (y de las otras), imploran la devaluación del peso. Pero el Gran Croupier Scott Bessent, sonríe y dice no.
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