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El verdadero motivo del obsesivo ataque de Milei contra Lali: distraer sobre las consecuencias del furioso ajuste

Por Flavia Vera*. El día que Lali Espósito publicó su ya famoso «X» (ex tuit): “Qué peligroso. Qué triste”, en referencia a los resultados de las elecciones PASO de agosto del 2023, momento que el ahora presidente Javier Milei obtuvo el 29,86% de los votos, fue cuando se la eligió desde La Libertad Avanza (LLA), con Milei a la cabeza, como el claro adversario para atacar a los sectores de la juventud que pretenden difuminar y a la cultura que representa. Hay un prototipo elegido para atacar. Pero también hay un elefante que está pasando por nuestras narices: la distracción ante el brutal ajuste a la verdadera “casta” para LLA, que es el pueblo argentino.

No hay duda que un presidente tiene una alta exposición por su investidura, pero de ahí a apostar a la mediatización con cuestiones que no se pueden controlar, como lo es la opinión de una referente popular, es llamativo. Hay algo más. Mientras Milei le contestaba a Lali ya en tono obsesivo, ese mismo día, desde la Secretaría de Energía se anunciaba un aumento de hasta 150% en las facturas de luz a partir de marzo, y la mensualización del incremento de este servicio esencial a partir de abril próximo.

Mientras todos los canales de televisión y los portales web más leídos, llenaban las primeras cinco notas sobre los ataques verbales presidenciales a la artista popular, por otro lado, el poder adquisitivo de los argentinos se licua a diario y se escurre entre los dedos.

Veamos cuál es el prototipo que representa Lali en la sociedad argentina, y si es la primera vez que se pronuncia en política. En 2018, pleno macrismo, conocimos a una Lali que se interesó y militó el feminismo, estuvo involucrada en el Colectivo de Actrices Argentinas, que fueron parte del #MeToo en el país, específicamente con el caso de Thelma Fardín vs. Juan Darthés. En 2020, participó de convocatorias en el Congreso a favor de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Participó en la Marcha del Orgullo en 2022, y estrenó una canción cruzando la 9 de Julio en carroza. Además de pronunciarse en su país, también fue consecuente en los carnavales de Brasil y en festivales españoles. No fue una artista interesada por tener una imagen sin posición política clara. Tras el ataque realizado por el grupo terrorista Hamas, en octubre el año pasado contra Israel, que causó 1.200 muertos, en su gran mayoría civiles, mujeres, niños y adolescentes, también se expresó. Ella sí se preocupó por no ser usada políticamente, y un ejemplo claro fue cuando la exgobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal (convertida ahora en diputada nacional porteña), quiso entrar en la foto de sus hijas con Lali en un recital, y la artista solo se fotografió con las dos nenas. Ahora la denominan “kirchnerista”, la condenan de “progre”. Resulta que tener una posición política expresa, es una mancha en la carrera.

Si hablás de política hay una condena. No sé si es raro que te señalen de tal o cual cosa, pero sí es de manual que la persecución y el hostigamiento no condicen con lo democrático, más bien remite a otro tipo de regímenes, como por ejemplo el fascismo.

Tendencias, nuevos artistas y nuevos compromisos

A fines de enero pasado, durante una entrevista en España, le consultaron a Emilia Mernes por los recortes que se avizoraban en la industria cultural argentina por parte del presidente Javier Milei, y  ante la atónita expresión de ella, un integrante de su equipo dijo detrás de cámaras, que “no hablaba de política”. Fue número uno en tendencia de la red social “X” por no haberse pronunciado. Ni siquiera atinó a decir que quería lo mejor para la Argentina y que haya paz; alguna una frase hecha, algo. No hubo nada. Fue una desilusión para muchos de sus fans. El fan vive una relación simbiótica con su ídolo, se alimenta y retroalimenta con su arte, por lo tanto, cuando sucedió lo de la entrevista con Emilia Mernes se rompió este círculo, se cortó la relación. Hubo un cortocircuito en ese ida y vuelta con sus fans. El fan de Emilia también atraviesa las consecuencias de la crisis, surgidas por las decisiones políticas del actual gobierno, y seguramente escapa un poco de eso divirtiéndose con su música. Es ahí donde el fan busca un refugio, y esta vez no lo encontró.

Nadie es ingenuo y se sabe que el silencio también puede ser parte del gran negocio que hay detrás de figuras consideras “celebrity”. Pero más allá de eso, en nuestro país sabemos y queremos que los artistas se pronuncien de una u otra forma. Los fans de Emilia vieron la cara más cruda del amusement dentro de la industria del entretenimiento. Se le notó el truco al mago, digamos. Eso sí que es peligroso y triste.

Otro cao es el de Taylor Swift, la popular artista que representa a la denominada “Generación Z” de los barrios más vulnerables de EE.UU. Sin tapujos durante las elecciones de medio término en EE.UU, de 2018, expresó su apoyo a dos senadores demócratas del estado de Tennessee. También apoyó públicamente a través de sus redes sociales, al actual presidente Joe Biden, durante las elecciones presidenciales en ese país. A partir de allí se desató una guerra declarada entre Donald Trump y la artista, que esta semana la acusó de desleal si no llegara a tener su apoyo, ya que se benefició con sus políticas. El caso de Taylor Swift es otro que se encuentra en las cadenas de noticias mundiales, porque su voz tiene un peso y una influencia en los jóvenes votantes.

¿Por qué en nuestro país le pedimos compromiso político a los artistas que consumimos? ¿Por qué Emilia Mernes fue tendencia por no decir nada sobre la cultura y la crisis que sus propios fans están viviendo? Tal vez tenga que ver con la propia idiosincrasia del argentino, que en parte es producto de la historia de persecuciones, proscripciones y exilio que muchos artistas sufrieron. Esta exigencia responde a un pueblo que nunca se queda ni está dormido. Que sale a la calle. Que lucha. Que no se da por vencido.

*Comunicadora social

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