Los líderes del partido nacionalista escocés SNP, John Swinney; del nacionalismo galés del Plaid Cymru, Rhun ap Iorwerth; y de los republicanos irlandeses del Sinn Féin, Mary Lou McDonald y Michelle O´Neill, que a su vez ocupan el puesto de ministros principales en sus gobiernos autónomos, han firmado este lunes en Cardiff un manifiesto conjunto en el que se comprometen a coordinar sus esfuerzos para lograr sus respectivas independencias del Reino Unido. “Cada una de nuestras naciones tiene el derecho a determinar su propio futuro, a través de medios democráticos y de acuerdo con los deseos de sus ciudadanos”, afirma el texto.
Además, la declaración aborda la cooperación en materia económica y energética, así como el desarrollo de las relaciones con la Unión Europea (UE). Sin embargo, detrás de una iniciativa que a primera vista parece común, existen situaciones jurídicas y políticas muy diferentes.
¿Por qué precisamente ahora?
En primer lugar, por primera vez en la historia, en los parlamentos de los tres territorios, existen mayorías políticas favorables a la separación del Reino Unido, y los gobiernos regionales están encabezados por partidos que defienden esa opción. En Escocia, se trata del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés), en Gales, de Plaid Cymru y en Irlanda del Norte, de Sinn Féin. Los tres partidos defienden, aunque de formas diferentes, el derecho de sus respectivos territorios a decidir su futuro constitucional.
En segundo lugar, la situación se vio alimentada por las recientes declaraciones del primer ministro británico, Andy Burnham, sobre la posibilidad de celebrar referendos. El 9 de septiembre, Burnham afirmó en la Cámara de los Comunes que, si existiera un consenso claro en Escocia, Londres debería considerar un referéndum sobre la independencia, y señaló que aplicaría un criterio similar a Irlanda del Norte.
El primer ministro de Escocia, John Swinney, llegó a afirmar que Burnham tendrá que acostumbrarse a la idea de que puede pasar a la historia como el último primer ministro del Reino Unido.
En Irlanda del Norte, sin embargo, Burnham había mantenido anteriormente una posición mucho más restrictiva y había declarado que un referéndum sobre la unificación de Irlanda estaba fuera de la mesa. Posteriormente, matizó su posición y confirmó que respetaría plenamente el Acuerdo de Viernes Santo y el mecanismo previsto por la legislación británica.
En tercer lugar, existe una presión externa. Durante su visita a Irlanda, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que le gustaría ver una “Irlanda unificada”. Sus palabras provocaron una fuerte reacción entre los unionistas y añadieron una dimensión internacional a una cuestión hasta ahora fundamentalmente británica e irlandesa.
Los líderes nacionalistas de Gales, Escocia e Irlanda del Norte firman este lunes en Cardiff un manifiesto conjunto. Foto: EFE
¿Qué puede ocurrir en el futuro?
Para cada uno de los tres territorios, el escenario es diferente. Escocia ya celebró un referéndum de independencia en 2014, pero lo hizo con autorización de Londres. En aquella ocasión, los partidarios de mantener la unión obtuvieron la mayoría. Sin embargo, dos años después, el Reino Unido inició el proceso de salida de la UE, lo que modificó radicalmente el contexto político. La mayoría de los votantes escoceses optó por permanecer en la UE en el referéndum sobre el Brexit.
En 2022, el Parlamento escocés intentó aprobar una legislación que permitiera a Escocia organizar por sí misma un referéndum sobre la independencia. El Tribunal Supremo del Reino Unido bloqueó esta posibilidad y estableció que una cuestión de esa naturaleza afecta a materias reservadas al Parlamento británico.
Esto significa que, al igual que en el caso de Gales, la decisión de autorizar un referéndum escocés sigue dependiendo de Westminster.
Irlanda del Norte constituye un caso completamente diferente. El Acuerdo de Belfast o Acuerdo de Viernes Santo, que puso fin al conflicto armado en Irlanda del Norte, estableció una base constitucional específica para el territorio. De acuerdo con ese marco, Irlanda del Norte puede cambiar su estatus constitucional si una mayoría de sus habitantes así lo decidiera.
Pero ese referéndum no sería sobre la creación de una Irlanda del Norte independiente. La alternativa sería mantener el territorio dentro del Reino Unido o formar parte de una Irlanda unificada. La diferencia con Escocia y Gales es, por tanto, fundamental.
¿Y qué ocurriría con la Unión Europea?
La declaración que los líderes de los tres territorios también hace referencia al desarrollo de las relaciones con la UE.
Si finalmente se celebraran referendos y una mayoría votara a favor de abandonar el Reino Unido, el camino hacia la UE sería diferente para cada territorio.
En el caso de Irlanda del Norte, si la población optara por la unificación con la República de Irlanda, el territorio pasaría a formar parte de un Estado miembro de la UE. No tendría que seguir el mismo proceso de adhesión que tendría un nuevo Estado independiente.
Escocia y Gales se encontrarían en una situación distinta. Si se convirtieran en Estados independientes, tendrían que solicitar su adhesión a la UE y cumplir las condiciones establecidas para los nuevos Estados miembro. Su eventual incorporación no sería automática y requeriría un proceso de negociación con la UE.
Por ello, aunque los tres territorios puedan presentar ahora un frente político común, sus posibles caminos después de una eventual ruptura con el Reino Unido serían muy diferentes.
¿Qué hay realmente detrás de la reunión de Cardiff?
Teniendo en cuenta las enormes diferencias entre las situaciones actuales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, y las diferencias todavía mayores que existirían si cada uno decidiera abandonar el Reino Unido, surge una pregunta: ¿por qué intentan presentar sus reivindicaciones bajo una misma fórmula política y jurídica?
La respuesta parece estar menos en la creación inmediata de un mecanismo para la independencia que en el valor simbólico de la reunión.
Los tres territorios quieren demostrar que sus reivindicaciones son serias y que no se trata de iniciativas aisladas.
Al actuar conjuntamente, pueden presentar un frente común ante Londres y aumentar la presión sobre el Gobierno británico.
El objetivo puede ser también conseguir concesiones: una ampliación de la autonomía de los territorios, mayores competencias para las instituciones regionales y, entre otras cuestiones, una mayor capacidad para recaudar y distribuir impuestos.
En este sentido, la declaración de Cardiff tiene una importancia fundamentalmente política y simbólica. No significa que mañana vayan a celebrarse tres referendos de independencia. En Escocia y Gales, además, sigue siendo necesaria una solución jurídica que permita organizar legalmente esos referendos, mientras que Irlanda del Norte dispone de un mecanismo constitucional propio.
La cuestión decisiva será ahora la reacción de Londres.
Una hipótesis es que si el Gobierno británico opta por hacer concesiones y ampliar las competencias de los territorios, las tendencias separatistas podrían perder fuerza. Pero si Westminster decide resistirse sistemáticamente a las demandas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, estas podrán intensificarse.
En ese caso, la reunión de Cardiff podría terminar siendo recordada no como el comienzo inmediato de la desintegración del Reino Unido, sino como uno de los momentos en que sus territorios comenzaron a actuar de manera coordinada frente al poder central. Y cuanto más se prolongue el enfrentamiento entre Londres y los gobiernos descentralizados, más realista podría hacerse la perspectiva de una ruptura del Reino Unido.
Fuente: Agencias
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