Por Paula Ballesty*. Murió Taty Almeida a los 95 años, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora e ícono de la lucha por los Derechos Humanos en Argentina. Su fallecimiento ocurrió el domingo 14 de junio de 2026 tras agravarse su estado de salud en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde permanecía internada en estado crítico. Con su partida, el país despide a una de las últimas y más influyentes referentes por la búsqueda de memoria, verdad y justicia.
La última bocanada de aire de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, universalmente consagrada por la historia popular como Taty Almeida, se extinguió este domingo en Buenos Aires a los 95 años. La confirmación de su partida física, ocurrida en el Hospital Italiano tras días de complicaciones médicas, desató una inmediata oleada de conmoción política y social.
Referente indiscutible de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty ofició durante casi medio siglo como un faro de resistencia civil contra la impunidad estatal. Sus restos, por expreso deseo en vida, serán despedidos en el auditorio de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos (FOETRA), espacio que tantas veces cobijó sus abrazos y sus celebraciones colectivas.
La metamorfosis de la «gorilita»: Del hogar militar a la Plaza de Mayo
La historia de Taty Almeida es el relato de una conmovedora e irreversible transformación. Nacida en 1930 en el seno de una familia de estirpe estrictamente castrense —hija de un oficial de caballería, hermana y esposa de militares—, Lidia Stella creció educada bajo los rígidos preceptos del orden y el antiperonismo visceral. Se formó como maestra, habitó la comodidad de los prejuicios burgueses de su época y, según ella misma solía evocar con un fino sentido de la autocrítica, era lo que el argot político argentino denominaba una perfecta «gorilita». Su mundo estaba sólidamente estructurado en certezas uniformadas.
Hasta que el horror llamó a su puerta
El 17 de junio de 1975, en las vísperas sangrientas del golpe de Estado y bajo el accionar criminal de la organización parapolicial Triple A, su hijo Alejandro Martín Almeida, de apenas 20 años, estudiante de Medicina y trabajador de la agencia Télam, fue secuestrado y desaparecido. Aquella noche, el joven Alejandro salió diciendo una frase simple que se volvió eterna: «Esperame, mamá, que ya vuelvo para comer». No regresó jamás.
En la desesperada inmersión por las oficinas públicas y los cuarteles que su condición social le permitía franquear, Taty no encontró respuestas, sino el frío desprecio de sus propios pares de clase. Fue entonces cuando comprendió que las armas que antes respetaba habían arrebatado lo que más amaba. Rompió el mandato de sangre y obediencia, se calzó el pañuelo blanco en la cabeza y fundó, junto a otras mujeres desangradas por la ausencia, una trinchera inexpugnable en la Plaza de Mayo.
La poesía de la resistencia
Tras la desaparición de Alejandro, revisando sus pertenencias, Taty descubrió una libreta manuscrita con veinticuatro poemas urgentes y premonitorios. Allí supo, por primera vez, que su hijo militaba en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). En esos versos, Alejandro había dejado una herencia escrita: «si la muerte me sorprende lejos de tu vientre porque para vos los tres seguimos en él, si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen faltan, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad y tus brazos entonces solo envuelvan recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera decirte mamá que parte de los que fui lo vas a encontrar en mis compañeros” …”mi control, nuestro control está en el cielo y nos está esperando”
Taty adoptó esos poemas como una hoja de ruta. A lo largo de cinco décadas, adoptó también a los compañeros de militancia de su hijo, encontrando el rostro de Alejandro en cada joven rebelde, en cada estudiante universitario y en cada trabajador en lucha. Ellos también eran sus hijos.
Su conversión fue tan profunda que se transformó en una oradora filosa, de una lucidez poética y combativa que desafiaba la fragilidad de sus huesos.
Junto a figuras de la talla de Nora Cortiñas —fallecida dos años antes, Taty comandó la Línea Fundadora de las Madres con una impronta caracterizada por la amplitud, el diálogo intergeneracional y una irrenunciable alegría como método de combate. Recibió las máximas distinciones académicas, incluido el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en abril de 2026, donde, plantada en su silla de ruedas, exclamó ante las nuevas generaciones: «A pesar de los bastones, y las sillas de rueda las locas seguimos de pie».
El legado: Presente, ahora y siempre
Taty Almeida se marchó sin poder cumplir el ruego que tantas veces imploró; encontrar a su hijo. “Yo no hago más que pedirle le pido a Dios que no lleve hasta poder tocar aunque sea los huesos de Alejandro”
Se fue sin los huesos de hijo, pero con la certeza absoluta de haber parido una memoria colectiva e indestructible para su país.
Su pañuelo blanco ya no caminará los jueves alrededor de la pirámide de la plaza, pero su voz queda grabada a fuego en las páginas de la historia argentina.
Taty no fue solo una víctima de la época más oscura de nuestra historia fue protagonista de una de las reservas morales más luminosas de Occidente. En tiempos donde el negacionismo y el olvido pretenden disputar el sentido de la historia, la figura de esta heroína indomable se erige eterna.
Su vida demostró, de principio a fin, que la única lucha que verdaderamente se pierde es la que se abandona.
Seguramente estarás en paz con la certeza que Alejandro te espera orgulloso, por saber que tu lucha valió su partida injusta antes de tiempo.
Hasta siempre Taty.
*Abogada (Abogadas Justicialistas IG: @abogadasjusticialistas)
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