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A 50 años del regreso definitivo del General: el peronismo es el mito del eterno retorno

Por Maximiliano Borches. Aquel 17 de noviembre de 1972, a las 11:18hs, el mayor líder político que tuvo la Argentina, Juan Domingo Perón, retornaba a su patria en un avión DC8 llamado “Giuseppe Verdi”, de Alitalia. Esa mañana lluviosa no solo quedó grabada a fuego en la memoria popular como el “Día de la Militancia Peronista”, sino que además, se rompía con la maldición que pesaba sobre los líderes populares exiliados por la oligarquía porteña del siglo XIX: San Martín y Rosas, que murieron en el extranjero. Producto de una resistencia popular que duró los casi 18 años de exilio forzoso del General, éste finalmente volvió a su patria y pudo abrazar a su pueblo. El peronismo es el verdadero mito del eterno retorno.

Tras el golpe cívico-militar-eclesiástico del 16 de septiembre de 1955, en el que la entente oligárquica/radical/socialista/comunista/conservadora/la Iglesia católica y parte de la camarilla militar, derrocaron al presidente Juan Domingo Perón, que cursaba su segundo mandato, comenzó la decadencia económica, política, cultural y social de la Argentina.

Sin embargo, a fuerza de conquistar derechos y recuperar su autoestima, el pueblo trabajador argentino entendió que en esa etapa tenía que pasar a la resistencia. Y así sucedió. Fueron casi dieciocho años de luchas, donde no solo las mayorías populares estaban proscriptas, también la identidad peronista, su Himno (escúchalo al final de la nota), sus figuras, sus banderas, y hasta las palabras “Perón”, “Peronismo”, “Justicialismo”, estaban prohibidas (¿se imaginan si hoy sucediera algo así?)

En ese contexto, y al igual que el mito de Prometeo, cuyo hígado se regeneraba todas las noches, el peronismo no dejó de resignificarse, renacer y multiplicarse en las nuevas generaciones que solo conocían por los comentarios de sus padres las conquistas de aquellos “días felices” justicialistas. Condición que invariablemente continúa sucediendo hoy, en pleno siglo XXI, donde miles y miles de jóvenes vuelven a elegir al peronismo como identificación política, ya sea por su origen social, como por el proyecto que representa el país donde quieren vivir.

En ese contexto –decíamos-, Perón da muestras de toda su genialidad estratégica y a pesar de su estadía forzada en Madrid, no deja de conducir el segundo proceso revolucionario del pasado siglo XX: su regreso y tercera presidencia. El primer proceso revolucionario fue su ingreso a la vida política nacional, y el mítico 17 de octubre, que le deparó un asiento permanente en la Historia argentina y mundial.

Aquellos años de esa convulsionada década, Perón llegó con una premisa que nunca dejó de parecerse más a un sueño. La sustitución en su doctrina del concepto “Para un peronista, no hay nada mejor que otro peronista”, por “Para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino”. Esta fue la expresión última de un momento signado mayoritariamente por la violencia, que solo Perón, único con la capacidad y condición de sostener y equilibrar a su propio movimiento, y a los sectores mayoritarios de la vida nacional, podía expresar.

Perón volvió a la Argentina para morir. No solo saldó la deuda con su pueblo a través de su retorno, sino que en sus fueros más íntimos, sabía que sólo él podía romper con la maldición que pesaba sobre los líderes populares exiliados por los eternos enemigos del pueblo. José de San Martín y Juan Manuel de Rosas, no pudieron volver.

A 50 años de este hito del peronismo, de la resistencia popular y de lo mejor de nuestra historia, el peronismo golpeado dura y estratégicamente por el aquelarre de verdugos, asesinos y gorilas de la última dictadura cívico-militar, y por los sueños faraónicos de algunos de sus más destacados dirigentes, como así también por la tibieza y cobardía de otros, se fue transformando de a poco en lágrima de una llanto nostálgico que se mezcla con la sal del mar.

Sin embardo, siempre es bueno tener en cuenta que la historia nunca se detiene, y los procesos políticos, económicos y culturales sufren de reveses, como también conquistan nuevas victorias.

Sintetizado como mito de eterno retorno, aún hoy se siguen escuchando el sonido incesante y esperanzador de un bombo, dando cuenta que más allá de sus dirigentes ocasionales –y muchas veces a pesar de las características de ellos y ellas- el peronismo debe su existencia -a casi ochenta años de su irrupción en la vida pública- a la esperanza popular de vivir con dignidad, respeto y en paz.

 

 

 

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