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50 años sin Perón: el día que las universidades se llenaron de hijos de obreros y su correlato hoy

Por Sergio Grillo*.  Pensar la inclusión desde las oportunidades implica reconocer y valorar la diversidad como un recurso enriquecedor para todos los ámbitos de la sociedad. Es permitir a través de políticas públicas que todos tengan las mismas posibilidades de desarrollo. Estas ideas son el engranaje fiel de la historia de vida de Andrea Colicheo, conocida en 2022 a través de los medios de comunicación, y que brilla como un faro de esperanza y cambio. Su vida es un testimonio vibrante de cómo las políticas públicas pueden transformar destinos individuales y, a su vez, impactar profundamente en el tejido social de una nación.

Nacida en Río Negro, tuvo una infancia marcada por las dificultades económicas. Desde pequeña, acompañaba a su padre a recoger cartones para ayudar a sostener a su familia. Sin embargo, su determinación y espíritu perseverante la llevaron a continuar en su etapa de superación. Durante la adolescencia, Andrea seguía convencida que el camino era la educación. Ahora el desafío era completar sus estudios secundarios y trabajar simultáneamente en diversos empleos informales para cubrir sus propios gastos y contribuir al hogar. Esta etapa de su vida no solo demostró su capacidad de manejar responsabilidades desde joven, sino también su firme compromiso con la educación como un camino hacia un futuro mejor. Y siguió por más. Logró ingresar a la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y se graduó como licenciada en hotelería, convirtiéndose así en la primera de su familia en alcanzar la educación universitaria.

Este logro no solo marcó un hito personal, sino que también simbolizó el poder transformador de la educación superior gratuita y accesible, tal como lo pensó y materializó Juan Domingo Perón hace décadas. Esfuerzo, perseverancia, superación y políticas públicas que posibiliten lograrlo; la importancia del Estado en garantizar la Educación Superior pública gratuita.

Ahora bien, ¿qué hubiera sucedido de Andrea y sus anhelos si las universidades nacionales requirieran de un arancel para su acceso? La historia política y social argentina demuestra que los derechos civiles se logran a través de la lucha, la organización y el esfuerzo colectivo. Si bien la Reforma Universitaria de 1918 abrió un camino a ciertos aspectos democratizadores de las instituciones, su carácter arancelado solo delimitó el acceso a las clases económicamente acomodadas y elitistas. Debieron pasar más de 30 años para que la universidad muestre una verdadera identidad democratizadora e igualitaria. Se necesitó de una visión de justicia social para romper el lugar de privilegio, que tuvieron hasta entonces los sectores históricamente más beneficiados de la sociedad.

Cuando la educación superior dejó de ser un privilegio de pocos y se transformó en derecho

El 22 de noviembre de 1949, Juan Domingo Perón dejaría otra huella imborrable en el pueblo argentino. A través del Decreto Presidencial Nº 29.337 establecería la gratuidad de todas las universidades argentinas (Buenos Aires, Córdoba, Cuyo, La Plata, Tucumán y Del Litoral) que posteriormente serían incluidas en el Segundo Plan Quinquenal y en la Ley universitaria de 1954. Con esta medida, la Educación Superior pasaba de ser un privilegio a ser un derecho que posibilitó, por primera vez, el acceso de los hijos de los trabajadores a la formación universitaria. En palabras del propio Perón: “La conquista más grande fue que la universidad se llenó de hijos de obreros, donde antes solamente estaba admitido el oligarca”.

El impacto de estas políticas significó un gran avance social y económico; un aumento exponencial de la matrícula universitaria, pasando de más de 80.000 estudiantes en 1950 a más 138.000 en tan solo 5 años, lo que conforma un 72% de aumento en el acceso a la universidad. Más aún, Perón fomentó un modelo educativo que integraba la teoría con la práctica, vinculando a las universidades con el sector productivo y las necesidades del país. Esta visión práctica de la educación profesional buscaba preparar a sectores más humildes, construyendo las bases para el ascenso social como fruto del esfuerzo de toda la población argentina.

La relación de Perón con las universidades argentinas es un reflejo de su liderazgo: ambicioso y transformador. Su legado en la educación superior ha dejado consecuencias tanto en términos de acceso y democratización como en los desafíos de mantener la autonomía y la calidad educativa. Comprender esta dualidad es esencial para entender plenamente el impacto de Perón en la historia educativa de la argentina y para seguir avanzando hacia una educación superior de calidad.

Hoy, en un contexto donde tristemente persisten los debates sobre el financiamiento a las universidades, el liderazgo de Perón nos recuerda la importancia vital de políticas públicas que promuevan la inclusión y el acceso equitativo a la educación.

El impacto de estas políticas resonó profundamente en la vida de Andrea y de miles de jóvenes que, como ella, encontraron en la educación una herramienta poderosa para romper ciclos de pobreza y desigualdad. Tanto ella como muchos otros son testigos vivos del legado de Perón, que sigue inspirando a nuevas generaciones a perseguir sus sueños y a contribuir al desarrollo de un país más justo y equitativo. Esta historia personal es un recordatorio conmovedor de cómo las oportunidades educativas pueden transformar vidas enteras.

*Periodista y locutor

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