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El Indio se tomó el último bondi a Finisterre

Por Maximiliano Borches. Seguramente los hijos de puta que nos gobiernan, y algún que otro zombi del siglo XXI, se pondrán contentos por la muerte del Indio Solari. El abrazo que le dio a Cristina Fernández de Kirchner fue como una sentencia para los pobres cerebros y los tartamudos intelectuales de la nueva (y podrida) era de la banalidad absoluta, el individualismo más atroz, las vidas paralelas que se reflejan en pantallitas de celulares dieciocho de las veinticuatro horas del día, la idiotez como bandera, y -aún peor que eso- la jactancia de la idiotez como especie de rezo laico que atrofia las mentes de millones que la pasan cada vez peor adorando a quienes los explotan y maltratan, como si fuese una «algo divertido” o “novedoso”. Bien. Nada de esto representó el Indio Solari, que además como genuino producto argentino, irrumpió en la que fue una maravillosa escena musical del rock nacional, con la potencia arrolladora y destructora de mitos institucionales que conlleva un poema de Baudelaire.

Millones se emocionaron con su incomparable voz, sus canciones y flashearon con sus letras crípticas, barriales y cósmicas. La poesía fue una marca del rock argentino; Spinetta, Charly, Lito Nebbia, Moris, Pappo, Moura, Miguel Abuelo, Calamaro, Andrés Critro Martínez, Fito Páez, Jorge Fandermole,  Javier Martíenz, Iorio y -entre otros- el Indio Solari, describieron a la Argentina de los últimos casi sesenta años, hasta que el cansancio creativo lo tapó casi todo.

Independiente y único, Los Redonditos de Ricota lograron imponer un estilo propio y mucha más difusión que la que garantizan las empresas discográficas multinacionales, de las que nunca fue preso de contrato alguno.

Su imaginación fue el despertar a la belleza para cientos y cientos de miles de pibes y pibas del conurbano bonaerense, y de otros puntos del país, que atravesados por algunas de las historias cantadas que integran los discos “Gulp” (1985), “Oktubre” (1986), “Un baión para el ojo idiota” (1988), “¡Bang! ¡Bang! Estás Liquidado (1989), “La mosca y la Sopa” (1991), “En Directo” (1992) “Lobo Suelto -Cordero atado” (1993) “Luzbelito” (1996), “Último Bondi a Finisterre” (1998) y “Momo Sampler” (2000), comenzaron historias de amor, escribieron sus primeros textos literarios, agarraron sus primeras guitarras, bajos y baterías y pintaron desde su imaginación mirando amaneceres en el sur y atardeceres en el oeste bonaerenses, cielos de colores fantásticos y formas sobrenaturales. El pibe de los astilleros enciende los fuegos de octubre ante el ladrón de mi cerebro que toma un toxi taxi

Su sensibilidad fue tan enorme que desde el rock escribió el mejor de los tangos: ¿Era todo? pregunté / soy un iluso / no nos dimos nada más / sólo un buen gesto / Mordí el anzuelo una vez más/ siempre un iluso / nuestra estrella se agotó / y era mi lujo / Ella fue por esa vez / mi héroe vivo, bah / fue mi único héroe / en este lío / la más linda del amor / que un tonto ha visto soñar / metió mi rocanrol bajo este pulso, porque “Esa Estrella Era Mi Lujo”.

Una Argentina va muriendo, y lo que queda de ella se debate como seguirá.

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