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La Selección que representa a un pueblo y defiende las Islas Malvinas definirá ante España otro pase a la gloria

Por Maximiliano Borches. En Argentina se respira fútbol. Argentina es un país de fútbol. El fútbol es para los argentinos, la expresión máxima de la pasión, esperanza, desacierto, calma, euforia, crisis, renacimiento, amor, tradición, emblema, identidad; y por sobre todas las cosas, conexión íntima con el ser nacional. Algunos critican el “patrioterismo futbolero” que para varios centenares de miles en este país es una especie de reencuentro con los símbolos de la patria que los vio nacer, pero esto, no es asunto de esta columna, sino evocar la gloria y felicidad para un pueblo sufrido, que lo merece.

El Mundial culmina este domingo y todo es ansiedad e incógnita. Fueron 39 días (desde el 11 de junio al 19 de julio), lo que equivale a 5 semanas y 4 días, donde el fútbol reinó en el planeta, y la “scalonetta”, hizo lo propio en los corazones de los argentinos, y de otros millones desparramados en el globo, que no pararon de disfrutar con la magia de Messi, la fuerza arrolladora de Lautaro Martínez, Enzo, Cuti Romero, Mac Allister, el desliz sutil por la línea de Julián Álvarez y la pericia abrumadora de Simeone, y demás integrante de este magnífico seleccionado que ya es Historia, y que la rompió toda frente al máximo contrincante de la Argentina (en todos los terrenos): Inglaterra, que por un día tanto sus ciudadanos como sus jugadores desearon ser argentinos.

Todo termina hoy, y como siempre sucede, el resultado final será leído de una manera u otra y no faltarán los “filósofos del fútbol” y los “nihilistas de la pelota”. Pero centralmente un pueblo festejará el arribo al país de sus héroes evocando desde el sur del planeta y desde las calles grises y amorosas del conurbano bonaerense hasta la (cada vez menos) europeizada Buenos Aires, el paso triunfal de los atletas de la argentinidad, que muy bien saben, no solo juegan al fútbol.

La gloriosa reivindicación realizada por ellos mismos de nuestras ocupadas militarmente Islas Malvinas tras vencer a Inglaterra, a través del despliegue de un trapo de cancha  con la inscripción: “Las Malvinas son argentinas”, en momentos donde todo parece ser IA y la relación lejana (y metafóricamente cercana) que imponen las redes sociales, fue la demostración cabal del triunfo de la voluntad de nuestra identidad argentina: no olvidar y seguir dando batalla por nuestra soberanía.

Lo demás, es el espectáculo del deporte más hermoso del mundo.

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