Por Maximiliano Borches. Cuando el pueblo no es provocado por las fuerzas represivas bajo las órdenes de quienes se sienten herederos de unitarios y gorilas, todo se desarrolla en paz y armonía. El masivo velatorio al Indio Solari que convocó a un millón de argentinos, de los cuales poco más de cuatrocientos cincuenta mil pudieron ingresar a la capilla ardiente levantada en el Polideportivo “Gatica” del “Parque Los Derechos del Trabajador” de Villa Domínico -en Avellaneda- para darle el último adiós, que contó con el total apoyo y la garantía de orden puesta por el gobierno bonaerense que encabeza Axel Kicillof y el Ejecutivo municipal de Avellaneda, bajo la conducción de Jorge Ferrares, no solo fue la contracara de la represión y desprecio demostrado por el conurbanense jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri (que mandó a reprimir en el Obelisco, el viernes pasado, a los fans allí reunidos); sino –y ante todo- la demostración cabal de una masiva acción colectiva convocada por el amor y la sentida tristeza por la muerte del ícono popular del rock argentino, que inevitablemente en estos tiempos de oscuridad, desidia, tristeza e intento desmedido de destrucción de los lazos solidarios y las fuerzas productivas nacionales, la maravillosa música de la despedida popular al Indio (comparable con las de Diego Maradona y Néstor Kirchner e inspirada en el alma de las irrepetibles despedidas populares a Evita y Juan Domingo Perón), se transformó en el primer grito masivo de los que más sufren los flagelos del actual modelo económico: las y los pibes de barrio, los laburantes más precarios, los que aspiran a conseguir un sueldito para aportar a las golpeadas economías de sus casas donde sus padres ya no saben que hacer para que la familia coma y se vista decentemente; como también, y en el mejor de los casos, esos pibes que pelean por terminar el secundario y poder anotarse en alguna de las universidades públicas levantadas a lo largo y ancho del conurbano bonaerense, que creó el peronismo en distintas etapas de su historia.
Cuando la masa toma conciencia de sí misma y de su devenir histórico, se transforma en pueblo y el pueblo cuando se organiza, se transforma en comunidad organizada
Si la bronca se organiza, la nueva voz transformada en canto coral del subsuelo de la patria autoconvocado durante al velatorio del Indio, se transformará en una nueva –y necesaria- rebelión de quienes pretenden ser invisibilizados y son sistemáticamente perseguidos, ofendidos y humillados desde los olimpos gobernantes ubicados en la cada vez más decadente Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí están las nuevas canciones.
Los monstruos esperaban que el masivo velatorio al Indio se desmadre, y rezaban para que terminara en violencia con el objetivo de poder atacar desde las usinas de los medios masivos de comunicación al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y al referente del peronismo con más chances, hoy, de ganarle al sádico de Javier Milei y/o a la versión femenina del dios Jano, Patricia Bullrich: Axel Kicillof. Nada de esto sucedió.
Cuando la masa toma conciencia de sí misma y de su devenir histórico, se transforma en pueblo y el pueblo cuando se organiza, se transforma en comunidad organizada.
Solo el pueblo salvará al pueblo.
Mariano Moreno Noticias toda la actualizad de la zona
