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La Selección vuelve a disputar un partido fundamental contra Inglaterra y los argentinos de bien nos preguntamos: ¿por quién va a hinchar el esperpento?

Por Virgilio Behatzlachá. Como si de una evocación pagana se tratase, la imagen de los goles ejecutados por Diego Armando Maradona contra los ingleses en el mitológico Estadio Azteca del México 1986, estalló en la memoria colectiva de los argentinos tras la decisiva victoria de la selección nacional por 3 a1 contra Suiza, que permitió a la gloriosa scalonetta volver a disputar una semifinal mundialista nada menos que con el conjunto inglés, ante quienes el recuerdo de la usurpación ilegal de nuestras Islas Malvinas se torna inevitable para todo aquel bien nacido en estas tierras, que aún conserva algo de amor y orgullo nacional por su patria (y que no solo se siente argentino en un Mundial de Fútbol). Sin embargo una duda persiste por estas horas previas al gran miércoles 15 de julio: ¿por quién hinchará el presidente Javier Milei (el esperpento), confeso admirador de la criminal de guerra Margaret Thatcher, que dio la orden de hundir al ARA General Belgrano fuera de la zona de exclusión impuesta por ella misma durante la Guerra de Malvinas, aquel fatídico 2 de mayo de 1982, provocando la muerte de 323 argentinos?, ¿por Inglaterra o por Argentina?

La pasión irracional por el fútbol en nuestro país no se puede explicar, se siente. La relación íntima del Fútbol y la política, en cambio, se explica como un vínculo simbiótico donde el deporte funciona como una poderosa herramienta de cohesión social, propaganda y diplomacia, mientras que la política utiliza las instituciones deportivas como plataformas de poder, financiación y control de masas. El deporte sirve como un escenario blando donde los países compiten por influencia global, como se observa en la organización de los torneos mundiales, y en particular, en esta Copa del Mundo 2026 que fundamentalmente se lleva a cabo en los Estados Unidos, en un año clave para la continuidad del proyecto político de Donald Trump, cuya revalidación a través del voto se realizará en las elecciones generales de medio mandato del próximo 3 de noviembre.

En nuestro país, por lo general, los mundiales de fútbol se transforman en una especie de bacanal patriotera desbocada, en la que quienes olvidaron la letra del Himno Nacional durante el año, rápidamente la memorizan para cantarla en cada festejo deportivo acompañada por el clásico “hoooo…hooo…hooo…hoooo”.

En este capítulo tan particular de la desmesura de la identidad argenta, que es el fútbol, todo está permitido al igual que en la canción “Fiesta”, de Joan Manuel Serrat.

Sin embargo, el pueblo argentino que por estas horas atraviesa una de las experiencias políticas, económicas, sociales, y particularmente cultural, más regresiva, cutre, (auto)destructiva y patética de su devenir histórico, al mando de una bizarra pareja de extraños hermanos embebidos por las palmadas en el lomo de sus jefes en Washington, y una nueva condición del colonizado que hasta haría sonrojar a William Walker, el agente de la corona británica que encarnó Marlon Brando en el film “Queimada”, se pregunta con total sinceridad: ¿por quién hinchará el presidente esperpento argentino, por Inglaterra o por Argentina?

Un poco de historia futbolerta entre Argentina e Inglaterra que comienza en Chile 1962: El primer antecedente en fase de grupos 

El choque inaugural de este clásico en los Mundiales se dio el 2 de junio de 1962, por la segunda fecha del Grupo 4 en la ciudad de Rancagua.

Aquella tarde, el conjunto inglés se mostró muy superior y se quedó con la victoria por 3-1 gracias a los goles de Ron Flowers, Bobby Charlton y Jimmy Greaves.

El descuento argentino fue obra de José Sanfilippo, en un torneo donde la Selección terminaría quedando eliminada en la primera ronda.

Inglaterra 1966: La tarde de la expulsión de Rattín y la polémica 

Uno de los partidos más escandalosos de la historia del fútbol. El 23 de julio de 1966el local Inglaterra y Argentina se midieron en los cuartos de final en el mítico estadio de Wembley. 

Los británicos ganaron 1-0 con gol de Geoff Hurst, pero el partido quedó marcado por la expulsión del capitán argentino Antonio Ubaldo Rattín, quien pidió un traductor para hablar con el árbitro alemán, fue echado, se sentó en la alfombra roja de la Reina y estrujó el banderín de córner británico.

Tras el partido, el DT inglés Alf Ramsey llamó «animals» (animales) a los jugadores argentinos, naciendo allí la rivalidad eterna.

México 1986: La Mano de Dios, el Gol del Siglo y la inmortalidad de Diego 

El partido más importante y simbólico en la historia de las Copas del Mundo. El 22 de junio de 1986, con el trasfondo político de las Malvinas aún a flor de pielel equipo de Carlos Bilardo enfrentó a Inglaterra en los cuartos de final del Estadio Azteca. 

En una ráfaga de pocos minutos, Diego Armando Maradona tocó el cielo con las manos: primero con la mítica e inolvidable «Mano de Dios» para el 1-0, y luego firmando el «Gol del Siglo», desparramando a media Inglaterra a pura gambeta desde la mitad de la cancha.

Gary Lineker descontó, pero el 2-1 selló la revancha histórica y el pase a las semifinales rumbo a la gloria. 

Francia 1998: Dramatismo absoluto y el show de Roa en los penales 

Un partidazo dramático y de altísimo nivel técnico el 30 de junio de 1998 por los octavos de final en Saint-Étienne. Gabriel Batistuta abrió la cuenta de penal, Alan Shearer lo empató por la misma vía y un jovencísimo Michael Owen clavó un golazo para el 2-1 inglés.

Antes del cierre del primer tiempo, Javier Zanetti metió el 2-2 en una jugada de laboratorio inolvidable. Tras la expulsión de David Beckham y un alargue de dientes apretados, el partido se definió en los penales.

Allí, Carlos «Lechuga» Roa se vistió de héroe al atajar los remates de Paul Ince y David Batty para desatar el festejo de la Selección de Daniel Passarella.

Corea-Japón 2002: La revancha de Beckham en Sapporo 

El último antecedente mundialista previo al choque de 2026 ocurrió el 7 de junio de 2002 por la fase de grupos en el Domo de Sapporo. 

En un partido sumamente cerrado y físico, Inglaterra se impuso por 1-0 con un gol de penal de David Beckham sobre el cierre del primer tiempo, tomándose revancha de lo sucedido cuatro años antes.

Aquella derrota caló hondo en el equipo de Marcelo Bielsa, que terminaría sufriendo una prematura eliminación en la primera fase de aquel certamen. 

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